Igualdad en el hogar

Todavía se mantienen moldes tradicionalistas, consecuentemente anacrónicos, en la educación y la ausencia de la igualdad en los hogares donde existen hijos e hijas, que se manifiestan en la efectiva distinción de tratamiento para los varones que gozan de libertad y de prelación en lo tocante...

Todavía se mantienen moldes tradicionalistas, consecuentemente anacrónicos, en la educación y la ausencia de la igualdad en los hogares donde existen hijos e hijas, que se manifiestan en la efectiva distinción de tratamiento para los varones que gozan de libertad y de prelación en lo tocante al estudio y otras consideraciones, por lo contrario, las hijas ingresan a la rutina del día como una condena impuesta para ellas.

Las labores de casa están destinadas a las hijas y hacen callando lo que la madre les pide, sujetas a los sacrificios obligados impuestos por el padre en beneficio de los hermanos y hermanas pequeñas. Entonces, en los hogares   se imponen estas jerarquías no habladas ni discutidas sino implantadas por los padres utilizando el temor reverencial.

Las hijas sometidas a este espectro de tratamiento prefieren callar y aceptar que las horas no son las mismas para ellas que para sus hermanos, porque el tiempo para ellas es agotador y las labores son cada vez más fatigosas; postergando irremisiblemente la expresión de sus deseos por natural ambición e igualdad y finamente por simple realización personal.

¿Qué puede existir o que puede haber entre nada y nada, entre órdenes y trastos de cocina, entre acumulación de ropa sucia para lavar, torres de ropa limpia para planchar y entre la observación de la diligencia inmediata para servir a sus hermanos varones para evitar que las agredan verbalmente?

Ésta casi prisión de ocupaciones que postergan el desarrollo mental y a la importante vida de relación, eleva al máximo la propensión de zafarse de estas imaginarias cadenas y, cuando surge la oportunidad de un prospecto sentimental con un hombre, lo aceptan sin condicionantes, sin meditarlo; acción que, con visión al futuro acarrea consecuencias.

Sucede que después de esa vida de nada y nada, retornan al hogar de los padres para, además de cuidar a sus propios hijos, cuidan a sus padres, que ya están cansados, envejecidos.

Debemos reflexionar sobre esta inveterada forma de educación, orientación y tratamiento discriminado a los hijos, que puede superarse, solo con la aplicación del supremo valor de la igualdad de deberes y oportunidades para los hijos e hijas, en la decisiva etapa de formación.

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