Vivir ahora
Daniel León y Abel Pérez Siempre he vivido añorando el pasado, construyendo una y mil veces castillos en el aire, tejiendo planes y creando ilusiones sin destino. He olvidado lo más importante de la existencia: Sorprenderme por un nuevo amanecer, sentir las caricias del sol...
Daniel León y Abel Pérez
Siempre he vivido añorando el pasado,
construyendo una y mil veces castillos en el aire,
tejiendo planes y creando ilusiones sin destino.
He olvidado lo más importante de la existencia:
Sorprenderme por un nuevo amanecer,
sentir las caricias del sol sobre mi rostro,
observar el vuelo de las aves y el color del cielo;
todo aquello que la vida nos brinda a cada instante.
Quiero olvidarme del tiempo para escuchar,
y bailar al compás de mi melodía predilecta,
contagiar a la gente de esta alegría de vivir,
frecuentar y abrazar a diario a mis seres queridos,
caminar y conversar largamente con los amigos,
gozar a plenitud de la magia del momento presente,
hacer las locuras que siempre soñé y nunca me atreví,
sin sujetarme a una agenda, sin caer en la rutina,
sin depender del dinero, y sobre todo sin voltear atrás.
Si no vivo ahora, ¿Cuándo tendré tiempo para hacerlo?
Me dolió haber perdido tiempo,
tanto como aquella pena insuperable
adquirida en la infancia,
presente en la adolescencia
y latente en mis cuarenta y tantos años.
Sentí que perder tiempo
fue morir un poco,
como extraviarse en un laberinto
para tan solo hallar la salida.
Cierto, que hay quien mal gasta su vida
y ni cuenta se da,
porque le parece inagotable,
una especie de dispendio
de algo que se renueva indefinidamente.
Siempre he vivido añorando el pasado,
construyendo una y mil veces castillos en el aire,
tejiendo planes y creando ilusiones sin destino.
He olvidado lo más importante de la existencia:
Sorprenderme por un nuevo amanecer,
sentir las caricias del sol sobre mi rostro,
observar el vuelo de las aves y el color del cielo;
todo aquello que la vida nos brinda a cada instante.
Quiero olvidarme del tiempo para escuchar,
y bailar al compás de mi melodía predilecta,
contagiar a la gente de esta alegría de vivir,
frecuentar y abrazar a diario a mis seres queridos,
caminar y conversar largamente con los amigos,
gozar a plenitud de la magia del momento presente,
hacer las locuras que siempre soñé y nunca me atreví,
sin sujetarme a una agenda, sin caer en la rutina,
sin depender del dinero, y sobre todo sin voltear atrás.
Si no vivo ahora, ¿Cuándo tendré tiempo para hacerlo?
Me dolió haber perdido tiempo,
tanto como aquella pena insuperable
adquirida en la infancia,
presente en la adolescencia
y latente en mis cuarenta y tantos años.
Sentí que perder tiempo
fue morir un poco,
como extraviarse en un laberinto
para tan solo hallar la salida.
Cierto, que hay quien mal gasta su vida
y ni cuenta se da,
porque le parece inagotable,
una especie de dispendio
de algo que se renueva indefinidamente.


