El rigor del viejo

Katherine Clavel Rodríguez Ronquidos ensordecedores retumban en la habitación, tan detonantes que reflejan un sueño totalmente pesado. Acompañando a lo lejos se suman las campanas de la Iglesia Perpetuo Socorro, siempre a tiempo 6:30, automáticamente los ronquidos cesan e inician...

Katherine Clavel Rodríguez

Ronquidos ensordecedores retumban en la habitación, tan detonantes que reflejan un sueño totalmente pesado. Acompañando a lo lejos se suman las campanas de la Iglesia Perpetuo Socorro, siempre a tiempo 6:30, automáticamente los ronquidos cesan e inician quejidos, apenas perceptibles por la intervención de las sonoras campanas.

Levantándose inicia su rutina. A paso lento se acerca al diminuto lavamanos, empapa su rostro rugoso y con la mirada firme echa un vistazo al espejo que confirma sus arrugas pronunciadas, las que se han formado con el pasar de los años, llenos de esfuerzo y trabajo duro.

Vistiendo sus prendas de tonos apagados, le vienen a la mente esas noches oscuras con solo una vela al centro de la mesa en aquella diminuta habitación del barrio La Pampa, acompañado de su padre Lionel Clavel Palacios y las dulces melodías que desprendía una guitarra criolla del año 71.

Escasos son los recuerdos con 50 años, cada día más espesos, sin embargo aún mantiene las fuerzas para iniciar su larga jornada. Dispersando los escasos recuerdos, lentamente se introduce en su achaparrado auto verdusco, limpia los diminutos retrovisores empolvados con la palma de su mano y divisa su imagen madura por última vez antes de partir.

Dedicado a mi padre Lionel Clavel Mancilla

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