Universidad popular

Si retrocedemos en el tiempo, la difusión del conocimiento popular se inició en 1899 y estuvo destinada a los estratos sociales de bajos recursos; fue desde entonces que se conformó la universidad popular dirigida a los trabajadores y emigrantes no solo de Europa sino también de Asia y parte...

Si retrocedemos en el tiempo, la difusión del conocimiento popular se inició en 1899 y estuvo destinada a los estratos sociales de bajos recursos; fue desde entonces que se conformó la universidad popular dirigida a los trabajadores y emigrantes no solo de Europa sino también de Asia y parte de América Latina, quienes no contaban con acceso a la educación y menos a la universidad tradicional.

Esas casas de estudios buscaban el conocimiento básico, saberes elementales de formación técnica, por tanto, se basaban en un programa educativo práctico para la capacitación de mano de obra para industrias, que luego se amplió a la alfabetización.

Este tipo de educación, obviamente, no negaba la existencia de universidades de extensión de conocimiento científico. Lo destacado de las casas de estudios populares, empero, fue su significado, vale decir, el ser un medio “para una sociedad luz”. Una frase que podría tener varios significados, como, por ejemplo, el dotar de conocimientos básicos para elevar la calidad de vida del trabajador. Por tanto, el fundamento histórico de la universidad popular fue adoptado por los países desarrollados para contar con mano de obra calificada y buena producción en sus industrias.

Sin embargo, dichas casas de estudios evolucionaron y ampliaron su currículo con materias de trabajo social, talleres de teatro, historia de sus naciones, entre otras. Un nuevo programa destinado a que esa población lograra elevar su cultura.

Posteriormente, cuando consolidaron esos resultados, las universidades populares mantuvieron su función, pero pasaron a depender del Estado. En cambio, países como Alemania ampliaron su programa a la extensión de conocimiento a aquellos adultos que no terminaron el colegio.

En síntesis, la base en la que se cimentaron esas casas de estudios fue la ampliación de su programa educativo, un hecho con el que lograron incrementar los ingresos de los obreros ya calificados y, consiguientemente, mejorar su calidad de vida.

Si bien ese tipo de universidades populares fueron desapareciendo, sería importante que sean recuperadas en los países en desarrollo, para que estén dirigidas, por ejemplo, al campesinado, no solo para ampliar su sapiencia heredada, sino para elevar su conocimiento en el ámbito agrario y, por ende, su calidad productiva con miras a la exportación.

Toda vez que hoy las áreas rurales tienen acceso a la conexión satelital, ésta debe facilitar al indígena la incorporación de lo virtual en sus centros comunales. Así, su formación se nutriría con este apoyo tecnológico (internet), como un medio de investigación básica para descubrir otras realidades externas sobre siembra, cuidado de la tierra, fertilizantes que se requieren y demás.

Es evidente que Bolivia requiere de formación educativa en todos los ámbitos de la sociedad, pero esto no se combate únicamente con la dotación de edificaciones, sino también con la recuperación de criterios de formación que nacieron hace más de 100 años en países desarrollados, y que contribuyeron a elevar la calidad de vida de la población gracias a una nueva visión de la productividad.

En esa línea, acorde a los grandes saltos de desarrollo que se busca en el área rural, la universidad popular no solo deja resultados en la calidad de la producción, sino también en el cuidado de la tierra, la mejora de la economía del indígena originario y, por qué no decirlo, el desistimiento de su migración a las ciudades, donde solo incrementa la pobreza de las periferias.

* Arquitecta.

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