Educar sin violentar
Quienes tienen más 60 - 70 años de edad, recordarán que en esos tiempos no había quien se moviera ni chistara en el aula de clases y si lo hacían, eran objeto de castigos materiales y morales. “La letra entra con sangre” y “Con el golpe se abre el entendimiento”, eran los dos...
Quienes tienen más 60 - 70 años de edad, recordarán que en esos tiempos no había quien se moviera ni chistara en el aula de clases y si lo hacían, eran objeto de castigos materiales y morales.
“La letra entra con sangre” y “Con el golpe se abre el entendimiento”, eran los dos axiomas pedagógicos, los dos principios de la escuela antigua.
Los castigos físicos consistían en el uso de la palmeta: una pequeña tabla con agujeros, provista de un mango, con la que se pegaba en las manos del que se castigaba. Se usaban cañas huecas o reglas para sonarles al cuerpo y cabeza de los alumnos que no hacían bien lo que se les ponía a hacer. Algunas veces se los ponía de rodillas sobre pepas, sobre ripio o sobre la pared, inclusive, con una piedra en cada mano y con los brazos en cruz, por el tiempo que el profesor haya determinado el castigo. O bien, se los sacaba de clases para que se queden afuera o también se los mandaba de vuelta a su casa, etc. etc.
Pero el mayor tormento eran las lecciones que había que aprenderlas de memoria y si se confundía los nombres de las letras, sus orejas pagaban.
Si en las primeras lecciones de Aritmética al alumno se le ocurría contar con los dedos, recibía un violento coscorrón.
La enseñanza de la lectura y escritura era un proceso largo y tedioso, El clásico “Be y Ba” costaba muchas lágrimas a los pobres alumnos y en la escritura al dictado no eran pocos los golpes con el cambio de la v de vaca o b de burro y viceversa, expresión muy usual en la boca del antiguo maestro.
Así era nuestro maestro. O lo que es lo mismo, así era nuestra escuela antigua.
Hoy nos tendríamos que preguntar ¿Cuánto hemos logrado superar esta arcaica institución docente o aún se mantienen huellas vigentes en el sistema educativo actual?
En la escuela nueva, teóricamente, más que enseñar se debe aprender por propia motivación de los alumnos de manera individual o colectiva. El maestro debe tener la capacidad de motivar hacia esta actitud del alumno. Ya no deben existir castigos físicos ni morales; se debe aprender con tranquilidad, entusiasmo, cariño y con alegría; se debe usar tecnología moderna; hay salas TIC., bibliotecas, etc.
Pero si educar es desarrollar las facultades intelectuales, morales, afectivas y físicas de la persona, conforme a su cultura y a las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenece o, es apoderarse de conocimientos, habilidades y destrezas para el logro de una determinada formación o también es desarrollar y perfeccionar capacidades, mediante la investigación y el ejercicio – la aplicación práctica de lo que supuestamente se aprende: ¿Cuánto mejor estamos en educación? ¿Qué debemos hacer para tranquilizar a los padres de familia que creen que la educación no está bien; que no existe disciplina, responsabilidad, respeto a las personas ni a las normas y más por el contrario se le da nomás?
La educación debe empezar en el hogar, en la familia y, por consiguiente son los padres los que deben educar con el ejemplo, para lo que deben estar capacitados; además, para acompañar, guiar u orientar a sus hijos en la realización de tareas, que deben realizarse en casa.
Lo grave del caso es que no todos los padres tienen la capacidad suficiente para acompañar a sus hijos en el proceso del aprendizaje y menos tienen tiempo, dado a que se dedican por completo al trabajo, por la dura situación económica que atravesamos. Cuando a l@s alumn@s se les pregunta ¿qué ideas intercambiaron con sus padres? Much@s de ell@s responden: es que mi padre o mi madre vuelve muy de noche a la casa y yo ya estoy durmiendo.
Lo más grave del caso es que en estas condiciones de soledad, much@s alumn@s, están ante el riesgo de caer en vicios; toda vez que, como dice la máxima: “la ociosidad es madre de todos los vicios” y, nos quedemos simplemente con el postulado que: la educación debe ser de calidad para todos y para toda la vida; todo, por la falta de participación y compromiso disciplinado de los padres, en la educación de sus hijos.
Así como se debe mantener motivados a los alumnos en la escuela, se debe mantener igual o mayor motivación en el hogar, tanto por los padres como por los hijos, respecto al interés por hacer lo que se debe hacer por un buen rendimiento educativo, por una buena educación. Educar sin violentar, no debe querer decir, dejar hacer y dejar pasar.
“La letra entra con sangre” y “Con el golpe se abre el entendimiento”, eran los dos axiomas pedagógicos, los dos principios de la escuela antigua.
Los castigos físicos consistían en el uso de la palmeta: una pequeña tabla con agujeros, provista de un mango, con la que se pegaba en las manos del que se castigaba. Se usaban cañas huecas o reglas para sonarles al cuerpo y cabeza de los alumnos que no hacían bien lo que se les ponía a hacer. Algunas veces se los ponía de rodillas sobre pepas, sobre ripio o sobre la pared, inclusive, con una piedra en cada mano y con los brazos en cruz, por el tiempo que el profesor haya determinado el castigo. O bien, se los sacaba de clases para que se queden afuera o también se los mandaba de vuelta a su casa, etc. etc.
Pero el mayor tormento eran las lecciones que había que aprenderlas de memoria y si se confundía los nombres de las letras, sus orejas pagaban.
Si en las primeras lecciones de Aritmética al alumno se le ocurría contar con los dedos, recibía un violento coscorrón.
La enseñanza de la lectura y escritura era un proceso largo y tedioso, El clásico “Be y Ba” costaba muchas lágrimas a los pobres alumnos y en la escritura al dictado no eran pocos los golpes con el cambio de la v de vaca o b de burro y viceversa, expresión muy usual en la boca del antiguo maestro.
Así era nuestro maestro. O lo que es lo mismo, así era nuestra escuela antigua.
Hoy nos tendríamos que preguntar ¿Cuánto hemos logrado superar esta arcaica institución docente o aún se mantienen huellas vigentes en el sistema educativo actual?
En la escuela nueva, teóricamente, más que enseñar se debe aprender por propia motivación de los alumnos de manera individual o colectiva. El maestro debe tener la capacidad de motivar hacia esta actitud del alumno. Ya no deben existir castigos físicos ni morales; se debe aprender con tranquilidad, entusiasmo, cariño y con alegría; se debe usar tecnología moderna; hay salas TIC., bibliotecas, etc.
Pero si educar es desarrollar las facultades intelectuales, morales, afectivas y físicas de la persona, conforme a su cultura y a las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenece o, es apoderarse de conocimientos, habilidades y destrezas para el logro de una determinada formación o también es desarrollar y perfeccionar capacidades, mediante la investigación y el ejercicio – la aplicación práctica de lo que supuestamente se aprende: ¿Cuánto mejor estamos en educación? ¿Qué debemos hacer para tranquilizar a los padres de familia que creen que la educación no está bien; que no existe disciplina, responsabilidad, respeto a las personas ni a las normas y más por el contrario se le da nomás?
La educación debe empezar en el hogar, en la familia y, por consiguiente son los padres los que deben educar con el ejemplo, para lo que deben estar capacitados; además, para acompañar, guiar u orientar a sus hijos en la realización de tareas, que deben realizarse en casa.
Lo grave del caso es que no todos los padres tienen la capacidad suficiente para acompañar a sus hijos en el proceso del aprendizaje y menos tienen tiempo, dado a que se dedican por completo al trabajo, por la dura situación económica que atravesamos. Cuando a l@s alumn@s se les pregunta ¿qué ideas intercambiaron con sus padres? Much@s de ell@s responden: es que mi padre o mi madre vuelve muy de noche a la casa y yo ya estoy durmiendo.
Lo más grave del caso es que en estas condiciones de soledad, much@s alumn@s, están ante el riesgo de caer en vicios; toda vez que, como dice la máxima: “la ociosidad es madre de todos los vicios” y, nos quedemos simplemente con el postulado que: la educación debe ser de calidad para todos y para toda la vida; todo, por la falta de participación y compromiso disciplinado de los padres, en la educación de sus hijos.
Así como se debe mantener motivados a los alumnos en la escuela, se debe mantener igual o mayor motivación en el hogar, tanto por los padres como por los hijos, respecto al interés por hacer lo que se debe hacer por un buen rendimiento educativo, por una buena educación. Educar sin violentar, no debe querer decir, dejar hacer y dejar pasar.


