Educar, no es amaestrar
Educarse es apoderarse de conocimientos teóricos y prácticos intelectuales, emocionales, morales y sociales, dentro de una cultura, para garantizar su existencia y desarrollo. En virtud de este concepto, el ser humano desde su concepción obtiene sensaciones, percepciones y conocimientos, aún...
Educarse es apoderarse de conocimientos teóricos y prácticos intelectuales, emocionales, morales y sociales, dentro de una cultura, para garantizar su existencia y desarrollo. En virtud de este concepto, el ser humano desde su concepción obtiene sensaciones, percepciones y conocimientos, aún en el vientre de su madre; luego en el hogar, en la escuela, en la universidad y en la sociedad. La persona humana se educa a lo largo de toda la vida, supuestamente, para mejor vivir. Se educa de manera integral, en su todo en general: cuerpo, pensamiento, sentimiento y alma.
Amaestrar es entrenar y dominar a una persona y hacerla obediente a órdenes de alguien otro. En el circo se ven animales amaestrados y también personas que siguiendo órdenes, ejecutan determinados movimientos y acciones en cumplimiento de un rol.
Está claro entonces, que la educación requiere de conocimientos científicos, de un apropiado ambiente, de una apropiada formación y ejecución de acciones afectivas de los padres, de los maestros y de la sociedad; dicho de otro modo: del hogar, de la escuela – incluida la universidad o institución superior y de la vida de trabajo y realización, ojalá a plenitud.
La persona humana para saber hacer, debe asirse de conocimientos teóricos generales, de conocimientos científicos, técnicos o artísticos y de capacidades prácticas para poderse conducir con éxito en la vida. Asimismo, es fundamental que, reconociendo el instinto gregario del ser humano, la persona contemple en su proceso educativo, en su formación; su orientación hacia el desarrollo e integración plena en la sociedad.
Ahora bien, según el Dr. Eudoro Terrones Negrete “El hombre es un ser racional, porque es capaz de perfeccionarse de acuerdo con los fines, objetivos y metas que se traza …; porque es capaz de ordenar su manera de vivir, trabajar, producir, consumir y también divertirse según los principios que le dicta su razón en virtud de la que es capaz de determinar dónde está el bien y donde está el mal, como hacerse digno y como ser libre…es capaz de lograr su perfeccionamiento físico, espiritual, profesional y moral, conocer las leyes de la naturaleza, superar y solucionar problemas y alcanzar mejores niveles de vida o de bienestar para sí y para los demás…la razón es un fin en sí mismo y no un simple medio al servicio de intereses subalternos, de grupos de presión o de grupos de poder. Por la razón de ser del hombre se torna trascendente, incursiona en los campos de todas las ciencias y genera nuevos conocimientos, nuevos avances filosóficos y científicos; es capaz de utilizar y producir principios, normas, reglas, hipótesis, leyes y teorías. El hombre para saber que tiene que hacer y que no debe hacer, a fin de obrar correctamente, se basta con usar su razón en forma oportuna y en toda su exacta dimensión”.
La anterior descripción nos muestra cuán grande y complejo es el ser humano, de consiguiente que para educar habría que empapar todos sus sentidos, sus esferas y sus dimensiones y no sólo memorizar conceptos, fechas, fórmulas, números, etc. Por eso para educarse, el alumno, requiere quien lo induzca mediante altas dosis motivacionales, para enrumbarse en el camino de su propia formación – educación, requiere un motivador, un guía, un facilitador, un orientador, alguien que lo estimule en su caminar, descubriendo saberes y perfeccionando sus conocimientos y calidad de ser humano racional, a la vez que emocional, ético y moral.
Al frente tenemos al animal que es un ser vivo que puede moverse por sus propios medios, ingerir sus alimentos, desarrollar su reproducción sexual y respirar. A este necesariamente hay que amaestrarlo; pues, porque sería la forma que aprenda a hacer lo que los seres humanos quisiéramos de él, como: levantar la patita, pararse en dos pies como el caballo o el perro, hablar como el loro, moquetear como el carnero o el toro, etc.
Para seguir un proceso donde el alumno sea el protagonista de su propio aprendizaje; habrá que considerar las diferencias individuales de los estudiantes; toda vez que, cada uno viene de donde viene, conoce lo que conoce, tiene sus propias motivaciones y anhelos, etc. y no son absolutamente iguales para enseñarles por igual los temas de determinado curso o materia como normalmente se lo hace. Es necesario que el maestro cree en el aula una atmósfera que promueva a todos a investigar, a descubrir y construir su propio aprendizaje y no sólo seguir, lo que él hace o dice.
El rol del maestro no es sólo proporcionar información, exigir que se la memorice y controlar la disciplina, sino mediar entre el ambiente áulico y el alumno, dejando de ser el enseñante, para pasar a ser el guía, el apoyo o facilitador y el acompañante del alumno en particular. Cuanto más personalizado sea el aprendizaje, será más aprendizaje, mejor calidad de alumno y mejor calidad de educación.
Hoy la función fundamental del nuevo maestro es motivar, enseñar a aprender y aprender descubriendo, aprender haciendo. estimulando talentos, pasión, promoviendo sentido analítico y crítico e inventando nuevos saberes, lo que significa no seguir, simplemente, repitiendo como loro lo que ya otros lo dijeron y escribieron ya hace mucho tiempo antes. “Habrá algo más motivante que un maestro muy motivado”.
Amaestrar es entrenar y dominar a una persona y hacerla obediente a órdenes de alguien otro. En el circo se ven animales amaestrados y también personas que siguiendo órdenes, ejecutan determinados movimientos y acciones en cumplimiento de un rol.
Está claro entonces, que la educación requiere de conocimientos científicos, de un apropiado ambiente, de una apropiada formación y ejecución de acciones afectivas de los padres, de los maestros y de la sociedad; dicho de otro modo: del hogar, de la escuela – incluida la universidad o institución superior y de la vida de trabajo y realización, ojalá a plenitud.
La persona humana para saber hacer, debe asirse de conocimientos teóricos generales, de conocimientos científicos, técnicos o artísticos y de capacidades prácticas para poderse conducir con éxito en la vida. Asimismo, es fundamental que, reconociendo el instinto gregario del ser humano, la persona contemple en su proceso educativo, en su formación; su orientación hacia el desarrollo e integración plena en la sociedad.
Ahora bien, según el Dr. Eudoro Terrones Negrete “El hombre es un ser racional, porque es capaz de perfeccionarse de acuerdo con los fines, objetivos y metas que se traza …; porque es capaz de ordenar su manera de vivir, trabajar, producir, consumir y también divertirse según los principios que le dicta su razón en virtud de la que es capaz de determinar dónde está el bien y donde está el mal, como hacerse digno y como ser libre…es capaz de lograr su perfeccionamiento físico, espiritual, profesional y moral, conocer las leyes de la naturaleza, superar y solucionar problemas y alcanzar mejores niveles de vida o de bienestar para sí y para los demás…la razón es un fin en sí mismo y no un simple medio al servicio de intereses subalternos, de grupos de presión o de grupos de poder. Por la razón de ser del hombre se torna trascendente, incursiona en los campos de todas las ciencias y genera nuevos conocimientos, nuevos avances filosóficos y científicos; es capaz de utilizar y producir principios, normas, reglas, hipótesis, leyes y teorías. El hombre para saber que tiene que hacer y que no debe hacer, a fin de obrar correctamente, se basta con usar su razón en forma oportuna y en toda su exacta dimensión”.
La anterior descripción nos muestra cuán grande y complejo es el ser humano, de consiguiente que para educar habría que empapar todos sus sentidos, sus esferas y sus dimensiones y no sólo memorizar conceptos, fechas, fórmulas, números, etc. Por eso para educarse, el alumno, requiere quien lo induzca mediante altas dosis motivacionales, para enrumbarse en el camino de su propia formación – educación, requiere un motivador, un guía, un facilitador, un orientador, alguien que lo estimule en su caminar, descubriendo saberes y perfeccionando sus conocimientos y calidad de ser humano racional, a la vez que emocional, ético y moral.
Al frente tenemos al animal que es un ser vivo que puede moverse por sus propios medios, ingerir sus alimentos, desarrollar su reproducción sexual y respirar. A este necesariamente hay que amaestrarlo; pues, porque sería la forma que aprenda a hacer lo que los seres humanos quisiéramos de él, como: levantar la patita, pararse en dos pies como el caballo o el perro, hablar como el loro, moquetear como el carnero o el toro, etc.
Para seguir un proceso donde el alumno sea el protagonista de su propio aprendizaje; habrá que considerar las diferencias individuales de los estudiantes; toda vez que, cada uno viene de donde viene, conoce lo que conoce, tiene sus propias motivaciones y anhelos, etc. y no son absolutamente iguales para enseñarles por igual los temas de determinado curso o materia como normalmente se lo hace. Es necesario que el maestro cree en el aula una atmósfera que promueva a todos a investigar, a descubrir y construir su propio aprendizaje y no sólo seguir, lo que él hace o dice.
El rol del maestro no es sólo proporcionar información, exigir que se la memorice y controlar la disciplina, sino mediar entre el ambiente áulico y el alumno, dejando de ser el enseñante, para pasar a ser el guía, el apoyo o facilitador y el acompañante del alumno en particular. Cuanto más personalizado sea el aprendizaje, será más aprendizaje, mejor calidad de alumno y mejor calidad de educación.
Hoy la función fundamental del nuevo maestro es motivar, enseñar a aprender y aprender descubriendo, aprender haciendo. estimulando talentos, pasión, promoviendo sentido analítico y crítico e inventando nuevos saberes, lo que significa no seguir, simplemente, repitiendo como loro lo que ya otros lo dijeron y escribieron ya hace mucho tiempo antes. “Habrá algo más motivante que un maestro muy motivado”.


