Aplicar en educación, la tecnología de lo obvio

La Tecnología de lo Obvio definida por primera vez en su obra “Excelencia Directiva” por Miguel Ángel Cornejo, fue resultado de observar cómo Japón había surgido del desastre a mediados del siglo pasado, después de la segunda guerra mundial. Observar cómo surge Japón de esas...

La Tecnología de lo Obvio definida por primera vez en su obra “Excelencia Directiva” por Miguel Ángel Cornejo, fue resultado de observar cómo Japón había surgido del desastre a mediados del siglo pasado, después de la segunda guerra mundial. Observar cómo surge Japón de esas condiciones devastadoras, con un 40% de las principales ciudades en ruinas, con 2.000.000 de muertos y con 20 dólares americanos de ingreso per cápita anual.

Los japoneses salen de esas terribles condiciones de desastre “Copiando lo mejor de cada persona y país, mejorándolo y aplicándolo a sí mismo”. Eligieron a los que tenían la máxima calificación en el mundo en la fabricación de relojes, en la fabricación de automóviles, de máquinas de coser y de todas las ramas del saber y que hacer humano. Eligieron a las estrellas del mundo para aprender de ellas; es decir, eligieron a los calificados con la máxima nota o sean los 10 de otros países, para ponerlos de 0 en el suyo y construir sobre ellos su propio 10.

Cornejo define que “La Tecnología de lo Obvio consiste en observar al mejor, imitar al mejor, igualar al mejor y superar al mejor, lo que significa tomar a los mejores como maestros y prototipos que superar”. Los japoneses aprendieron de los mejores del mundo y hoy se destacan en electrónica por la precisión y eficiencia de los aparatos, de las herramientas y sistemas de control e inclusive por el cuidado del medio ambiente del planeta, como nos lo demostró el seleccionado japonés en el reciente campeonato mundial de futbol, al entregar su alojamiento.

Sabiendo que Singapur, Japón y Estonia están ubicados en los primeros puestos del ranking internacional PISA, de educación, los bolivianos deberíamos interesarnos por saber ¿cómo lo hacen? para diseñar nuestro propio paradigma educativo, con el que debemos imponernos como primeros; de modo que siempre estemos, imaginando lo mejor por venir y no lo pasado y obsoleto; porque, vivir es para adelante y no echarse a la reversa. En esta línea debe relucirse el observatorio de calidad educativa tanto en lo departamental como nacional.
En Bolivia desde el origen de la república existieron varios intentos por mejorar la educación y sólo por señalar algunos anoto a: Simón Rodríguez Carreño, la Escuela Ayllu de Elizardo Pérez en 1931, la reforma del 20 de enero de 1955, la reforma de la llamada Revolución Restauradora de 1968, la reforma del gobierno dictador de 1973, la reforma No 1565 de 1994 y la Ley de la Educación “Avelino Siñani – Elizardo Pérez del 20 de diciembre del 2010; pero, como que con tanto cambio, cada uno de los nuevos intentos fue desmontando el sentimiento de legitimidad y credibilidad real de una nueva o de una mejor educación, que vivamente tenían y tenemos los bolivianos y, ahí estamos haciendo un enorme esfuerzo por mejorar la situación educativa, porque hoy en día la educación está en crisis, prácticamente en el mundo, como lo trasluce la resolución E2030 de la UNESCO, Incheón – Corea 2015.
Ya desde el nacimiento de la república se lanzaron conceptos como los siguientes:
1.- “El título de maestro no debe darse sino al que sabe enseñar, esto es al que enseña a aprender; no al que manda a aprender o indica lo que se ha de aprender, ni al que aconseja qué se aprenda. El maestro que sabe dar las primeras instrucciones, sigue enseñando virtualmente todo lo que se aprende después, porque enseñó a aprender” (Rumazo Gonzáles, 1980: 85).

2.- “Enseñen a los niños a ser preguntones, para que, pidiendo el por qué de lo que se les mande a hacer, se acostumbren a obedecer a la razón, no a la autoridad como los limitados, no a la costumbre como los estúpidos. (ob.cit:87).

3.- “Enseñen y tendrán quien sepa, eduquen y tendrán quien haga.(ob.cit:93)
Resulta que a más de 193 años seguimos tratando de inventar que la base fundamental del saber, descansa en saber aprender, saber hacer y ser artífice de su propio aprendizaje y del desarrollo como persona civilizada, al mejor servicio de sí y de la colectividad. Debemos preocuparnos por establecer una educación de calidad, que tenga que ver sobre todo con el cómo hacer educación, en la aspiración permanente de su universalización.

Es muy simpático que hoy, de cada 100 personas en edad escolar, casi 99 asisten a la escuela, aunque es muy triste no saber que tanto hacen en ella; pues, ¿cuánto mejor estamos en calidad educativa?; es decir, en capacidad y rendimiento educativo. Falta saber cuál es el peso específico o resultados del ciclo educativo.

Aplicar la tecnología de lo obvio significa hacer consciencia de la misma y hacer de ella el espíritu mismo de la educación, en la misma que en el proceso de formación personal de cada uno de nosotros sea una constante elegir al mejor, imitar al mejor, igualar al mejor y ganar al mejor, aprendiendo de los mejores con la máxima humildad y alejándonos en definitiva de la mediocridad.

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