TPP y Alianza del Pacífico huérfanas avanzan ante una ALBA paralizada

Lo ocurrido en Latinoamérica durante la primera década del Siglo XXI podría considerarse el punto más alto en cuanto al avance del discurso bolivariano, como le han llamado los partidarios de la Patria Grande.Eran tiempos de victoria para Hugo Chávez, los Kirchner, Evo Morales, Rafael...

Lo ocurrido en Latinoamérica durante la primera década del Siglo XXI podría considerarse el punto más alto en cuanto al avance del discurso bolivariano, como le han llamado los partidarios de la Patria Grande.Eran tiempos de victoria para Hugo Chávez, los Kirchner, Evo Morales, Rafael Correa, Lula Da Silva, Daniel Ortega, José Mujica. Tiempos de predominio del MERCOSUR, la UNASUR, el ALBA y la CELAC. Tiempos de retroceso del ALCA y del asimétrico enfoque del libre comercio promovido por los países del norte.Sin embargo, tal como hizo notar hace casi dos años el exministro Andrés Soliz Rada, en los hechos los triunfos latinoamericanos “fueron esencialmente políticos y retóricos, en tanto que en lo económico no tuvieron el alcance esperado”.El MERCOSUR no se atrevió a incursionar en sectores estratégicos como minería, hidrocarburos, Bancos, bosques y medio ambiente. Los altos precios de las materias primas propiciaron una mayor presencia estatal en la economía sudamericana y una mejor distribución de la riqueza, pero que no se tradujo en emprendimientos económicos capaces de transformar la región.“Lo penoso es que ni siquiera se intentó articular medidas defensivas comunes entre nuestras compañías petroleras estatales. Una refinería que Venezuela comenzó a instalar en Pernambuco, el 2005, no logró consolidarse, pese a que Lula y Chávez estaban en el apogeo de su prestigio”, recordaba Solíz Rada. La presencia dominante de las transnacionales, atacadas en lo discursivo pero protegidas en lo concreto, continúa hasta hoy, en prácticamente todos los frentes estratégicos mencionados anteriormente. Y la idea de consolidar una OPEP del litio entre Argentina, Chile y Bolivia, languideció hasta extinguirse.La creación del Banco del Sur ha quedado en los archivos. Y la caída de Lula-Dilma del gobierno brasileño ha bloqueado la participación de ese país en el grupo de los BRICS.Solíz Rada, luchador de la Patria Grande, recordaba que el pensamiento bolivariano postula que América Latina debe defender sus intereses estratégicos de manera unitaria frente a los centros de poder mundial. Ello anterior fue ignorado cuando Cuba firmó en 2016 un preacuerdo de inversiones con la Unión Europea. Lo mismo hizo Evo Morales, luego de reunirse con inversionistas de EEUU en Nueva York, en octubre de 2015. Estos retrocesos culminaron con la presencia de Obama en La Habana, lo que produjo el virtual deceso del ALBA.Para el año 2011, EEUU se recuperó del traspié del ALCA e impulsó la Alianza del Pacífico, fundada por Perú, Colombia, Chile y México, y aprovechando la parálisis del MERCOSUR, UNASUR, ALBA. Con Donald Trump y su política aislacionista se pensaba en un respiro para Latinoamérica.Sin embargo, el continente ya no es el mismo. Los gobiernos bolivarianos ya no son mayoritarios y están pasando por dificultades propias. Esta semana, en Santiago de Chile, once países han firmado el nuevo Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP): Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. Un TPP huérfano de EEUU, que se retiró en enero de 2017 por decisión de Trump, pero que avanza casi sin contratiempos ante las decaídas iniciativas bolivarianas. Así las cosas, parece ser que el “imperio” ya no es sólo EEUU. Mientras, Latinoamérica vuelve a su laberinto y la sombra de su atomización vuelve a amenazar.


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