Bolivia, ¿una amenaza para su fauna silvestre?

En estos años en vez de solucionarse el problema, éste ha crecido. Así lo demuestran los recientes hallazgos de los últimos meses. Tras un operativo en Santa Cruz se intervino un negocio de venta de pollos en la zona de La Ramada y se incautó una gran cantidad de colmillos de jaguar, pieles...

En estos años en vez de solucionarse el problema, éste ha crecido. Así lo demuestran los recientes hallazgos de los últimos meses. Tras un operativo en Santa Cruz se intervino un negocio de venta de pollos en la zona de La Ramada y se incautó una gran cantidad de colmillos de jaguar, pieles y garras de este felino, además de estatuillas de marfil.Se encontraron 185 colmillos de jaguar, lo que significa que se dio muerte a aproximadamente 50 jaguares. Sumado a esto en las últimas semanas se decomisaron 150 aves silvestres en condiciones lamentables, producto del maltrato que les dieron sus captores.Tarija no es la excepción, lo que más se trafica en el departamento son los loros. El personal de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC), aprehendió el pasado 14 de febrero a dos personas por la comercialización de estas aves en el mercado Campesino.Días después, el pasado 1 de marzo. Tras una serie de allanamientos realizados por el Ministerio Público y la Policía Boliviana se decomisaron en Yacuiba 67 aves silvestres, cuyo destino era la comercialización.Una mujer vendía a los pericos a 25 bolivianos cada uno mientras que los loros “habladores” los comercializaba a 150 bolivianos.Todo este negocio ilícito se viene dando en un país que es considerado uno de los 17 países megabiodiversos, debido a su alta diversidad de especies de animales y plantas. Pero para muchos biólogos Bolivia está dejando sin oportunidades de supervivencia a su fauna silvestre.Nuestro país se encuentra entre los que poseen mayores tasas de deforestación, por esto no debe sorprender que la pérdida de hábitat ha sido identificada como el principal factor de amenaza para la vida silvestre boliviana.Pero como si esto fuera poco sumamos lo cultural. Después de la destrucción del hábitat, la demanda de animales para rituales y prácticas populares es la segunda causa de reducción de especies en peligro de extinción en Bolivia.Todo este panorama es caótico para la fauna silvestre y en este contexto resulta hasta irónico y anecdótico que Romeo, un maduro ejemplar de rana de Sehuencas lleve diez años croando en el Museo de Historia Natural Alcide d’Orbigny de Cochabamba, esperando la respuesta de una pareja.Sin embargo, lo más irónico es que Global Wildlife Conservation (GWC), Match.com y Anfibios de Bolivia (IAB) hayan logrado recaudar 25 mil dólares con la ayuda de las redes sociales para explorar territorios en busca de una pareja para este espécimen.Si continuamos promoviendo todas estas amenazas que atacan a nuestra fauna silvestre ¿cuántas parejas tendremos que salir a buscar para estos animales?Está claro que si los mismos bolivianos no tomamos conciencia del valor de nuestra flora y fauna, las cosas emporarán. Podríamos concluir que lo mejor para combatir todo esto es el castigo y para esto tenemos el Decreto Supremo 3048, que controla el tráfico ilegal de especies silvestres y fortalece la normativa nacional respecto al control del comercio internacional de vida silvestre en el marco del Régimen Aduanero y el Control Fronterizo. Sin embargo, éste no se aplica con rigurosidad.El Ministerio de Medioambiente y Agua hace seguimiento a alrededor de 15 procesos penales por tráfico de colmillo de jaguar, de los cuales sólo dos cuentan con sentencias que llegan a tres años de privación de libertad. Y entonces qué ¿de todo el tráfico ilegal que pasa desapercibido? Y ¿qué de la caza ilegal de la que nunca se entera el Estado?Nuestras leyes están llenas de lagunas y, a menudo, las sentencias son tan superficiales para el daño causado al ecosistema y no se comparan con el gran beneficio obtenido por los criminales.Será importante replantearnos las normas, mejorar los controles, concentrarnos en el manejo de las áreas protegidas, ampliarlas en algunos casos y realizar un trabajo arduo y específico sobre las especies en peligro de extinción, antes de que ya no podamos reproducirlas. Ojalá que todas la ideas dadas hoy aquí y en todo el país pasen del 3 de marzo a hechos concretos.


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