Vaca Muerta, la exportación y la industrialización

Las repercusiones predominantes se enfocaron en lo evidente, sintetizado en declaraciones del secretario de planeamiento energético del Ministerio de Energía y Minería de Argentina, Daniel Redondo.La autoridad argentina afirma que la producción de gas no convencional (shale, esquisto)...

Las repercusiones predominantes se enfocaron en lo evidente, sintetizado en declaraciones del secretario de planeamiento energético del Ministerio de Energía y Minería de Argentina, Daniel Redondo.La autoridad argentina afirma que la producción de gas no convencional (shale, esquisto) aumentó en un 78% desde 2015, y que “el desarrollo de Vaca Muerta, puede abastecer el 100% de la demanda del país en el 2021 con excepción de los meses de invierno”, lo que llevará a renegociar el contrato de importación de gas con Bolivia, que expira en 2026.Sin embargo, las repercusiones nacionales pasan por alto ciertas cuestiones fundamentales. Algunas de ellas están mencionadas cerca del final del propio reportaje de la BBC. Primero, que si bien el gobierno argentino estima que para 2021-22 se producirán 140 millones de metros cúbicos de gas por día (MMmcd) -18 millones más que ahora, o sea, un 15% de aumento-, eso no alcanzaría para suplir la demanda local en invierno, que puede alcanzar los 170-180 MMmcd.Cabe recordar que el contrato vigente establece que Bolivia debe enviar a Argentina entre 23,9 y 16, 7 MMmcd, por lo que el déficit de producción en Argentina queda en evidencia pese a las supuestas mejoras con Vaca Muerta.Segundo, expertos citados por BBC Mundo afirman que para que Argentina logre un autoabastecimiento para 2021-22 las inversiones deberían ser el doble de los aproximadamente 4.500 millones de dólares anuales actuales. “Solo así se podría generar la cantidad necesaria de gas de Vaca Muerta, que hoy aporta menos del 25,9% de todo el gas que se usa en el país”, cita el reportaje. Algo que los propios expertos consultados por la BBC dudan que llegue a ocurrir en el corto o mediano plazo.Tercero, tanto por la puesta en marcha del Gasoducto del Noreste Argentino (GNEA) –que abastece a unas 3,5 millones de personas que viven en el noreste argentino-, como por sus bajos precios, el gas boliviano sigue siendo el más barato y competitivo de la región. Así que por lo pronto, no será fácil para Argentina prescindir de los envíos bolivianos.Ahora bien, aclarado el aspecto más alarmista de la noticia, el tema de fondo que debiera preocupar a la opinión pública y a las autoridades de Bolivia, no es el de los mercados para colocar el gas como materia prima, sino el de retomar la agenda industrializadora, que está coja y casi resignada al olvido.En caso de que Argentina realmente lograra el autoabastecimiento, Bolivia tiene margen hasta al menos 2026 para consolidar sus proyectos de etileno-polietilieno y propileno-polipropileno.Estos proyectos debieran instalarse en el departamento de Tarija, aprovechado la capacidad de la Planta Separadora de Líquidos de Gran Chaco, que puede procesar cerca de 30 MMmcd de gas, más de lo que se envía actualmente a Argentina. El gas seco podría continuarse vendiendo a Argentina, o también puede enviarse al Salar de Uyuni para potenciar otra incipiente y retrasada iniciativa industrializadora relacionada con el aprovechamiento del litio, tal como se pensó hace más de una década cuando recién se nacionalizó YPFB.El problema está en que las autoridades nacionales son las que menos fe en la industrialización parecen tener. Los proyectos ya no se mencionan y el protagonismo se ha vuelto a enfocar en la exportación como materia prima.Las palabras del vicepresidente Álvaro García Linera, en el Foro de Países Exportadores de Gas, (Santa Cruz, noviembre de 2017), son elocuentes: “No solamente exportemos gas por ducto, sino que tengamos la capacidad de exportar como bolivianos y como empresa estatal boliviana LNG a mercados donde podemos conseguir mejores precios”. Ahí andamos.


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