Liquidar Ecobol, la salida fácil del Gobierno empresario
Efectivos policiales custodiando las sedes de Ecobol en todo el país para impedir la entrada de sus funcionarios dista mucho de ser una imagen propia de un Gobierno que reitera por mecánica aquello de la soberanía nacional y de recuperar y manejar los sectores estratégicos de la economía.El...
Efectivos policiales custodiando las sedes de Ecobol en todo el país para impedir la entrada de sus funcionarios dista mucho de ser una imagen propia de un Gobierno que reitera por mecánica aquello de la soberanía nacional y de recuperar y manejar los sectores estratégicos de la economía.El servicio de Correos es sin duda uno de los servicios más estratégicos de cualquier Estado, sistemas que contribuyeron a hacer crecer a las naciones, a ganar guerras, a construir soberanía. En muchos países es símbolo de orgullo patrio, en la mayoría es, evidentemente, un servicio deficitario que entra a formar parte de los presupuestos generales porque a ningún Gobierno en su sano juicio se le ocurriría prescindir de ese servicio esencial.En Bolivia, con su modelo a medio camino entre el capitalismo de Estado y el ultraliberalismo cocalero y minero, que soporta en sus presupuestos multitud de empresas públicas deficitarias creadas simplemente para competir con el sector privado, Ecobol ha sido medido con otro rasero y literalmente liquidado por la fuerza.No es que Ecobol haya sido una empresa ejemplar capaz de competir por su propia supervivencia, ni que haya peleado por mantenerse en pie. Ecobol, esa empresa pública que nunca tenía facturas en los mostradores, que nació con la República y que cambió de forma jurídica para tratar de ser más eficiente ha acarreado todos los males de la función pública primero y de la ruptura del monopolio después.El servicio de Correo Postal vive una segunda edad de oro en todo el mundo gracias precisamente a internet, pues los servicios de paquetería gracias al acceso al mercado global de compras han permitido a las empresas de este tipo no solo recuperarse del primer impacto que supuso el recorte de la correspondencia personal, que en realidad solo existe en la memoria romántica nostálgica de cada uno, sino profundizar nuevos modelos de gestión y negocio, basados en la distribución publicitaria y la paquetería rápida.Mientras esto pasaba, en Bolivia los funcionarios de Ecobol se atrincheraron en sus mostradores, dejaron seguir creciendo la ciudad en una infinidad de calles sin nombre y sin número y apenas lograron concretar unos casilleros para unos pocos comprometidos que, finalmente, debían visitar periódicamente su casilla para adivinar si alguien les había enviado algo. Cuantos romances se habrán frustrado por este sistema caótico, no lo sabemos.Sea quien sea quien reciba la herencia de Ecobol, que necesariamente también contará con sus instalaciones pero no con su experiencia y conocimiento, tendrá que aplicarse seriamente en hacerse respetar. En exigir que el estándar internacional para enviar cartas y paquetes de un lado a otro se aplique también en Bolivia para que los carteros, ahora sí, salgan a la calle a entregar los presentes que los tarijeños compramos en China, Taiwan o Estados Unidos.Todo parece apuntar a que la liquidación de Ecobol tiene más que ver con la enésima batalla subterránea de algún sector del MAS que a una decisión netamente empresarial, la violencia empleada para sacrificar una marca y sustituirla por otra era innecesaria cuando, posiblemente se hubiera podido salvar con la única instrucción de pedir a los Ministerios que empleen el courrier público en lugar del de la sucursal transnacional.La crisis de Ecobol es la misma que han enfrentado muchas empresas privadas de este país, ahogadas por dobles aguinaldos e incrementos por encima de la inflación y el crecimiento real, pero que sin embargo no han contado con la Gaceta Oficial del Estado ni el Tesoro General de la Nación para cerrarse y liquidar a todos sus trabajadores sin excepción y sin COB ni Ministerio que le ladre. Para el Gobierno, con esas herramientas, es fácil jugar a ser empresario.


