Nervios e inacción tras el 21F
Con probabilidad el Viceministro de Descolonización, que algo de igualdad y de toda la teoría del sistema patriarcal y las manifestaciones violentas ha debido estudiar, debió darse cuenta inmediatamente de la proporción de su agresión a plena luz del día en una vía pública. Una actitud...
Con probabilidad el Viceministro de Descolonización, que algo de igualdad y de toda la teoría del sistema patriarcal y las manifestaciones violentas ha debido estudiar, debió darse cuenta inmediatamente de la proporción de su agresión a plena luz del día en una vía pública. Una actitud censurable en el caso de que fuera cualquier ciudadano, doblemente al tratarse de una autoridad pública y peor siendo una que se encarga precisamente de aspectos sociales.El atenuante, obviamente, es el miedo. El Viceministro de Descolonización como tantos otros cargos orgánicos del Movimiento Al Socialismo son presas del pánico cada vez que observan la posibilidad de perder el poder y son interpelados por aquellos que dicen escuchar para gobernar.Es poco confiable la declaración del Ministro de Gobierno Carlos Romero, en un momento político personal particular dadas sus ambiciones presidenciables y sus pocos amigos en el gabinete, que en la jornada de ayer se dedicó a minimizar una movilización que fue suficientemente contundente ya no en Tarija, donde el olvido es crónico, sino en Santa Cruz, Cochabamba, Trinidad y en la misma urbe paceña. La puesta en escena de Romero revela nuevamente las ganas de provocar y acaparar atención para su causa.El MAS logró su objetivo de repostular a Evo Morales para 2019 a través del Tribunal Constitucional y enfrentando la embarazosa situación de obviar el veredicto de un referéndum, algo a lo que muy pocos políticos se atreverían. Es verdad que no está todo dicho y que el MAS debe ahora hacer frente a la realidad de las encuestas y a la presión internacional, que puede tener efectos concretos perniciosos por la debilidad estructural del cambio. Sin embargo lo que más le empieza a preocupar al MAS es la reducción de su poder de convocatoria.Al margen de La Paz, donde se concentran la mayoría de funcionarios públicos; de la guardia pretoriana cocalera de Cochabamba y de Yacuiba, donde la Autonomía Regional parece haberse convertido en el cuartel de avanzada del oficialismo, apenas unas docenas de personas acudieron a las convocatorias realizadas en las diferentes departamentales. Eso a pesar de las amenazas que siempre existen.El caso de Tarija es particularmente sangrante para el proceso, donde ya no hay Lino Condori en el poder; donde ya no hay Julia Ramos ni fondo indígena y donde los invitados son cada vez más pragmáticos.Las convocatorias del 21 de febrero obviamente no han servido para resolver un conflicto netamente político y simplemente agrandan la cuenta de horas laborales perdidas en este 2018. Además, las posiciones están más enconadas. Ni el Gobierno tiene pensado dar un paso atrás ni la oposición cívica va a cambiar de estrategia en el corto plazo dado el resurgir del paro y bloqueo como método de incidencia política. De seguro habrá nuevos capítulos de tensión hasta las elecciones de 2019. El desgaste pasa factura, también el miedo, pero también la falta de propuestas e ideas concretas que hagan al ciudadano pasar del tiempo del enojo al de la construcción. El MAS tiene margen para reinventarse mientras la oposición no acaba de concretar sus propuestas ni banderas. El tiempo no lo cura todo.


