21F: La propuesta detrás de la movilización

En 2017, cuando había transcurrido el primer año desde el referéndum del 21 de febrero de 2016 que supuso la mayor derrota del MAS en sus diez años de Gobierno, todo el oficialismo andaba preocupado al ver a Evo Morales fuera de la carrera por la reelección, poniendo en cuestión la...

En 2017, cuando había transcurrido el primer año desde el referéndum del 21 de febrero de 2016 que supuso la mayor derrota del MAS en sus diez años de Gobierno, todo el oficialismo andaba preocupado al ver a Evo Morales fuera de la carrera por la reelección, poniendo en cuestión la continuidad de toda la estructura armada para reproducir el poder. Había otras opciones, de hecho muy pocos creían que Morales iba a quedar fuera de la contienda verdad, aunque les sonrojaba la idea de que se tomaran otro tipo de medidas drásticas que pudieran negar un referéndum convocado desde el poder. Antes de ellas, era necesario, decían sus gurús de la comunicación, posicionar la idea del fraude electoral, que en realidad no era tal, puesto que el Tribunal Electoral es igualmente nombrado por los dos tercios del oficialismo en la Asamblea Plurinacional y por tanto no convenía usar esa figura. Lo que se trató de posicionar es la idea de que el boliviano medio fue engañado, estrategia harto complicada puesto que implica convencer a los votantes de un grado de sonsez que pocos, como es lógico, están dispuestos a asumir. Finalmente no importó demasiado. Hubo demostración de músculo el 21 de febrero con miles de funcionarios en la calle repitiendo aquello de que Gabriela Zapata fue un invento de Brennan y unos días después, la famosa entrevista de la sindicada desde prisión en la que aseguraba que todo había sido un montaje organizado por los opositores a Evo. Nadie se preocupó de medir si los mensajes ya habían calado lo suficiente. En septiembre el MAS pidió al Tribunal Constitucional mediante una acción abstracta que revisara lo de la limitación de mandatos y sus Magistrados, que pasaron la lista de nominación con los dos tercios del MAS en las elecciones de 2011, decidieron que ya era hora de dar un retoque al texto magno. En noviembre Morales ya era de nuevo candidato por gracia del TCP y en diciembre, después de ser derrotado en las judiciales, igual se dio un baño de masas en Cochabamba ante un millón de personas donde fue proclamado.Por consiguiente, el MAS no necesitaba convocar ninguna nueva demostración de fuerza para este 21 de febrero en lo que deberían considerar un caso pasado.Por el otro lado, una oposición mermada y confundida junto a unos cívicos huérfanos de sus empresarios pero con un poderoso Transporte al frente de la movilización ha convocado una movilización sin destinatario claro, pero que espera se sienta en diferentes centros neurálgicos y repita éxitos respecto a la recientemente impulsada contra el Código Penal. La oposición no tiene la fuerza para hacer revertir la decisión en los organismos internos ni tampoco parece probable que la Corte Interamericana se atreva a violar la soberanía nacional con unos antecedentes como los que aporta el caso boliviano. Así pues, la movilización de hoy se explica esencialmente en el plano electoral, pero con la lógica Con Evo o Contra Evo, algo que da mejores resultados que las encuestas con nombres y apellidos.Sin hacer futurología, las posiciones en Bolivia han entrado en fase de estancamiento. El MAS ha expuesto su prioridad, repostular a Evo por encima de cualquier compromiso de programa o cambio una vez asumido que se encuentran muy lejos de la Agenda de Octubre y del proyecto de dignificación nacional, pero con eso le da para movilizar a más o menos la mitad del electorado. La oposición, por su parte, ha jugado al desgaste con éxito, pero poco más parece que se pueda arañar. Es tiempo de que unos y otros refresquen sus programas y transparentes sus ejes fundamentales. Sus pilares. Lo contrario es llevar la confrontación a escenarios internacionales que pueden acabar resultando muy desagradables.


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