Oruro: Investigar hasta el final
Los hechos de Oruro han causado especial atención por la dimensión de los mismos. El sábado 10 de febrero diez personas resultaban muertas y 51 heridos, entre ellos muchos niños. La versión oficial hablaba de una garrafa explotada por un mal manipuleo en un lugar céntrico próximo a la...
Los hechos de Oruro han causado especial atención por la dimensión de los mismos. El sábado 10 de febrero diez personas resultaban muertas y 51 heridos, entre ellos muchos niños. La versión oficial hablaba de una garrafa explotada por un mal manipuleo en un lugar céntrico próximo a la majestuosa entrada carnavalera de Oruro, Patrimonio de la Humanidad. Nada pasó. El Carnaval siguió como si no hubiera sucedido nada.El martes 13 se registró una segunda explosión a apenas una cuadra de la registrada el sábado. De nuevo cuatro muertos y al menos nueve heridos. De nuevo niños. Esta vez no había garrafa sino dinamita y anfo que provocaron un socavón relevante, y a pesar de no ser artículos extraños en la Oruro minera, tampoco se trata de materiales comunes, por lo que las investigaciones han tomado otra dimensión.Policía y altas autoridades del Gobierno han hablado nítidamente de un atentado. Personeros autorizados del partido de Gobierno, como Hugo Moldiz, han ido más lejos apuntando a estrategias de la “ultraderecha”. Otros voceros de la oposición, menos autorizados, como el fugado Sánchez Berzaín, han apuntado a teorías más oscuras del autogolpe.De momento la investigación se ha declarado en reserva, pero después de que se produjera la fuga de gran cantidad de datos que apuntan directamente a conectar ambas explosiones y enmarcarlas en una especie de teoría de la conspiración contra el Gobierno de Evo Morales.No existen atentados secretos. Los terroristas se autodenominan guerrilleros y suelen identificar sus golpes contra objetivos militares o civiles dentro de su propia justificación teórica. Además, una acción armada, como la denominarían, exigiría de una reivindicación más o menos inmediata de los resultados de la acción. Los grupos denominados terroristas también pueden clasificarse de acuerdo a la dimensión de su acción. Así pues se cuentan grupos que atentan contra infraestructuras menores o intereses extranjeros, como la que integraba el vicepresidente Álvaro García Linera, hasta grupos que atentan con sadismo en núcleos superpoblados, como el ISIS. Los expertos definen variedad de teorías sobre el uso de la violencia y su manejo comunicacional posterior de acuerdo a los objetivos deseados. Es posible que la denominación de “atentado” para referirse a las explosiones de Oruro tenga que ver con un error etimológico con el que algunas fuentes han tratado de referirse a algún hecho aislado motivado por otro tipo de móviles no políticos, como un ajuste de cuentas, de lo contrario, estaríamos ante el bautismo de sangre de un grupo especialmente violento.Lo lamentable sería que los desgraciados hechos de Oruro, que han enlutado a una docena de familias y herido de muerte a un Carnaval que estaba creciendo en fama e importancia continental en medio de la precariedad que lo rodea, sea utilizado para fines políticos partidarios.El hartazgo político ha empezado a agobiar al Gobierno mientras que la oposición, sin acabar de dar con la tecla, trata de sembrar la sensación de desgobierno generalizado. No es necesario utilizar un drama para voltear el tablero. Abordar nuestra suicida imprudencia es suficientemente prioritario sin necesidad de apelar a otras teorías que, simplemente, nos justifican en nuestra irresponsabilidad diaria.Lo urgente e imprescindible es que las investigaciones, imparciales, lleguen hasta el final y lo más rápido posible y se de la información completa, sin contaminar, sin especulaciones y sin medias verdades.


