Evo – Piñera: Un acercamiento no imposible

La decisión de Morales se enmarca, obviamente, en un milimétrico cálculo político respecto a la demanda de La Haya. El 19 de marzo iniciará la exposición de alegatos orales por parte de los dos contendientes en el diferendo marítimo. Dar un clima de normalidad democrática es sin duda lo...

La decisión de Morales se enmarca, obviamente, en un milimétrico cálculo político respecto a la demanda de La Haya. El 19 de marzo iniciará la exposición de alegatos orales por parte de los dos contendientes en el diferendo marítimo. Dar un clima de normalidad democrática es sin duda lo más saludable y positivo para Bolivia.No han faltado patinazos en Cancillería en los últimos años, como cuando Morales fue el único ausente de la firma del acuerdo de paz en Colombia con las FARC, sin embargo el asunto marítimo se ha gestionado con mayor brillantez. Con la presencia de Morales en Santiago se incide en los mensajes claves que se han lanzado durante toda la campaña de acompañamiento y que tienen que ver con el deseo boliviano de normalizar las relaciones y vivir en democrática paz.La presencia de Morales en Santiago es un contrapunto importante a las declaraciones de José Miguel Insulza, ex jefe de la OEA y ex miembro del equipo de la demanda en la gestión de la saliente Michelle Bachelet y que dejó entreabierta la posibilidad de que Chile no acate la sentencia del Tribunal de La Haya y que, en el mejor de los casos para Bolivia, obligaría a Chile a sentarse a negociar una salida soberana al mar, como tantas veces prometió, pero esta vez de buena fe y con un calendario.“Fallo o no fallo, Chile no va a ceder un centímetro de su soberanía sin su voluntad. Por lo tanto, a Chile no lo puede obligar a negociar nadie” dijo Insulza en una declaración que hay que interpretarla más en la batalla interna por la sucesión en la izquierda chilena luego de la gestión de Bachelet y la derrota ante Piñera que en el marco internacional, pues en la víspera de los alegatos no parece ser una buena idea.No hay que olvidar que el Tribunal de La Haya ya consideró el asunto de la salida al mar de Bolivia como un asunto multilateral que podría desestabilizar la región. En palabras menos eufemísticas, el Tribunal de La Haya debe velar por mantener la paz y desde luego, las declaraciones de Insulza no son positivas en ese sentido, ni tampoco todo el despliegue diplomático – militar que Chile le dio como misión a su equipo de acompañamiento. Esta perspectiva no hay que perderla.Chile ha entendido que el Tribunal de La Haya debe decidir si habrá más posibilidades de que se desate la guerra negando a Bolivia su reclamo o confiriéndole la potestad de negociar. Bolivia ha llevado sin embargo la discusión a otro nivel interpretativo en el que la Justicia debería primar por encima del miedo. No todo es geopolítica.La izquierda chilena, como la europea, anda sumergida en sus propios fangos, luchando contra sus fantasmas y sus propias indefiniciones a los que la socialdemocracia les ha llevado. Para la acomplejada izquierda chilena de Bachelet, Insulza y el propio Heraldo Muñoz hablar de ceder soberanía es un tema tabú porque no podrían anteponer soluciones o explicaciones creativas. Pero si alguien sabe de las posibilidades que ofrece una negociación y del ganar – ganar ese es Sebastián Piñera, un empresario multimillonario muy de derecha a quien nadie le cuestionaría una decisión diferente a la esperada.A Piñera no le gusta la agenda de los 13 puntos porque nació desde los complejos bolivianos y los de la izquierda chilena que todavía quería hacerse la solidaria. A Piñera le gusta ganar. Como a Evo. El escenario cambiará radicalmente desde ese 11 de marzo. Bienvenida sea la visita.


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