Desastres que se vieron venir
La crecida del río Pilcomayo de la última semana ha alcanzado los niveles máximos en mucho tiempo. La última referencia, señalan los compañeros del Sistema de Alerta Pilcomayo Proadapt, es la crecida del verano del 83-84 en el que se alcanzaron grandes cuotas de agua, desbordes...
La crecida del río Pilcomayo de la última semana ha alcanzado los niveles máximos en mucho tiempo. La última referencia, señalan los compañeros del Sistema de Alerta Pilcomayo Proadapt, es la crecida del verano del 83-84 en el que se alcanzaron grandes cuotas de agua, desbordes excepcionales, volúmenes muy grandes de agua con caudales instantáneos de máxima magnitud que cambiaron la geografía de las provincias colindantes, como Formosa, que empezó a albergar los bañados en los que se extiende el río una vez llegado a tierra baja y donde se cría el sábalo para volver a crecer al año siguiente.“Hoy no sabemos si estamos en una situación similar porque en aquella época, 1983, no existían los mecanismos de medición que se tienen actualmente, no existía la red de estaciones hidrométricas, no había estas estaciones en muchísimos lugares, la única que se tenía es la de Villa Montes y para esa época no hay registros comparables”, afirma de la Cruz.“El Sistema de Alerta Pilcomayo Gran Chaco PROADAPT fue el primero que alertó en la mañana del 22 de Enero una inusual crecida en toda la cuenca alta del Pilcomayo, en el momento el Pilcomayo en Villa Montes era de 3,72 y al mismo tiempo se anunciaba lluvias importantes que se extendería por 72 horas en la cuenca alta. El tope de ese acúmulo llego el 2 de febrero a las 2 de la madrugada, se confirmó la alerta anunciada cuando en Villa Montes se registraba 6,89 metros. Esto posibilitó que muchas familias iniciaran sus desplazamientos con su ganado, colmenas entre otros pasivos que les permite una sobrevivencia” dice el boletín de la entidad.En Argentina a mitad de semana (2.02.18) 10 mil familias son evacuadas de Santa Victoria, en Paraguay las autoridades trabajan en una tarea similar en comunidades de Pozo Hondo y todas las riberas, mientras que en Bolivia, se coordinaba para habilitar un Hércules para evacuar a familias alejadas. Esta vez el sistema en Bolivia era para estar orgullosos de verdad. El sistema estaba funcionando y no había que lamentar pérdidas humanas, pero tampoco de ganado, colmenas u otros.Tan bien ha funcionado el sistema de alerta, que las autoridades no han podido esperar ni siquiera a verificar la proximidad de la futura crecida, que ya han empezado a lanzarse los trastos a la cabeza y culparse de más o de menos. Es curioso que desde La Paz se hable de una “politización interesada” del desastre en el Chaco cuando todas las autoridades del Chaco trabajan para el oficialismo.Es cierto que el desastre en el Chaco no ha alcanzado las dimensiones dramáticas que podrían haberlo hecho. Las familias se organizaron con el suficiente tiempo y solo algunas malas decisiones, como la tomada por algunas autoridades en D´Orbigny ubicando el desalojo en algún lugar no tan seguro, han alterado la relativa calma. Es cierto también que nada ha terminado, que las lluvias siguen, que el río es poderoso y que difícilmente se pueda domar. Tal vez esta crecida pueda ayudar a recordar algunas de las malas decisiones tomadas, a hacer balance de lo que hicimos y de lo que no hicimos, y también de lo que pretendemos hacer.Los expertos recuerdan que la última gran crecida en el 84 cambió la geografía de la provincia Formosa y la rutina en las riberas paraguayas. Hace pocos meses algunas autoridades aseguraban haber salvado el sábalo modificando ciertos meandros, otros hacían planes (y compras) de vehículos anfibios para dragar el poderoso y sedimentado Pilcomayo, otros, aún con esas, aseguraban hacer una represa de enormes dimensiones que cambiara la dinámica para siempre.La alerta no ha terminado, pero las auditorías sí han empezado.


