Oliva y el tiempo de sumar

El panorama parece haber cambiado luego de varios meses de manejar entre nubarrones. El cambio de paradigma, cuando no de actitud, tiene que ver evidentemente con la financiación obtenida y sobre todo, con la proyección al alza de los precios de los hidrocarburos.El Gobierno Departamental ha...

El panorama parece haber cambiado luego de varios meses de manejar entre nubarrones. El cambio de paradigma, cuando no de actitud, tiene que ver evidentemente con la financiación obtenida y sobre todo, con la proyección al alza de los precios de los hidrocarburos.El Gobierno Departamental ha logrado acceder a algo más de cien millones de dólares, en concreto 736 millones de bolivianos de los que 171 se han apalancado en dos créditos privados relativamente caro de dos entidades privadas y el resto en los diferentes fideicomisos brindados por el Gobierno Nacional con tipos de interés por debajo de la estimación de la inflación para los próximos años. El crédito privado permite mayor flexibilidad y culminar proyectos importantes mientras que en los fideicomisos, no exentos de política, se han colocado buena parte de los proyectos municipales y provinciales y de carácter social.Con el crédito privado se va a lograr acelerar una inversión pública que, por el momento, sigue siendo el motor de la economía boliviana y también tarijeña. Una inversión pública en algunos casos no tan planificada como se debiera y con dudosos beneficios, pero que impedirán dejar en el campo millones de dólares mal invertidos durante la gestión de Lino Condori.La otra gran expectativa pasa por la confirmación de que más tarde o más temprano (desde marzo según el ministro de Economía Guillén) se sentirán los efectos de los recursos adicionales que van a llegar gracias a una estabilización del precio de los hidrocarburos por encima de los 60 dólares. Ayer el barril de petróleo llegó a su máximo anual cerrando en los 66,46 dólares. El Gobierno boliviano, en plena campaña por la repostulación, lo presupuestó en apenas 45 dólares, reservándose así un gran margen de maniobra para sus prioridades sobrevenidas.Con la salida de la crisis económica, será evidentemente tiempo de la política, si bien es cierto que desde los diferentes frentes, nunca se ha dejado de hacer. A priori, 2018 se convertirá en el año en el que los diferentes aspirantes tendrán que mostrar no solo su habilidad en la gestión sino también en el careo. Un asunto que deberá acelerarse si finalmente, como ya se comenta en los círculos palaciegos, se adelantarán las elecciones subnacionales para hacerlas coincidir con las presidenciales. Una decisión que de nuevo mezclará economía y política, pues el Gobierno suma proyectos que presentar tras los años de vacas flacas.El Gobernador Adrián Oliva convocó ayer a los asambleístas, cada vez más individualistas y preocupados por sus propios asuntos, tanto dentro del Movimiento Al Socialismo como en las filas de UDA, a concentrarse y trabajar juntos por el desarrollo del departamento. No parece probable que los asambleístas vayan a recoger el guante, pero de momento han quedado encuadrados en un mapa al que les va a resultar difícil enfrentarse cuanto más extienda la mano el Gobernador y su equipo.Se había especulado demasiado sobre los cambios de gabinete, tanto que estaba por opacar el propio discurso del Gobernador. Por el momento queda aplazado para al menos después de Carnaval de modo que lo que de su nueva conformación derive, no sea aplacado entre los efluvios carnavaleros. El Gobernador gana un tiempo también de esa manera para seguir dando pasos en esa convocatoria y llamado a la unidad de acción para el departamento de Tarija. La salida de Luis Alfaro contribuirá a “normalizar” los espectros ideológicos, como la reducción de secretarías y otros movimientos barajados. Es tiempo de sumar.


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