Tomar previsiones para no llorar

Las lluvias en Bermejo han causado el efecto esperado sobre su precario sistema eléctrico, responsable además de bombear el agua potable, por lo que desde el sábado hay problemas en el suministro.En Villa Montes las comunidades al borde del río Pilcomayo contienen la respiración mientras lo...

Las lluvias en Bermejo han causado el efecto esperado sobre su precario sistema eléctrico, responsable además de bombear el agua potable, por lo que desde el sábado hay problemas en el suministro.En Villa Montes las comunidades al borde del río Pilcomayo contienen la respiración mientras lo ven crecer a cada segundo, imponente, imparable y cuyos efectos apenas han podido preveerse gracias a un sistema desarrollado entre voluntarios e instituciones. Solo el día domingo cayeron más de 177 litros por metro cuadrado batiendo records anuales. En Yacuiba los efectos también se han sentido con fuerza, también un registro de record, rozando los 200 litros metro cuadrado, anegó el área urbana de la ciudad fronteriza tanto en Yacuiba como en San José de Pocitos. Además de la ciudad, también el área rural ha sido afectada.En la zona alta, tanto en El Puente como en Yunchará, después de un final de 2017 muy ajustado por la falta de reservas de agua y una sequía cada vez más acuciante, la lluvia ha sido bien recibida por casi todos los actores, pero también ha causado desastres en zonas agrícolas.Quizá lo menos grave ha sido en la ciudad de Tarija, donde las inundaciones han quedado limitadas a zonas específicas y el derrumbe de algunos tejados y fachadas en casas abandonadas y antiguas. De momento las lluvias centran la atención, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) prevé que se prolonguen con intensidad esta semana y se mantengan durante el mes de febrero. No tardarán en llegar los informes de campesinos y comerciantes al respecto de las pérdidas y el impacto en la cosecha.Un año más, la llegada de la temporada de lluvias ha dejado al descubierto las falencias de nuestro sistema de planificación y control de riesgos, que no deja de ser el sistema ordinario de la planificación de nuestras infraestructuras, pues todo debería construirse teniendo en cuenta esas inclemencias. Un año más, las autoridades cruzan los dedos para que no haya pérdidas de vidas humanas, como en Yacuiba se registraron a finales de 2017. Si eso se consigue, pronto llega la cascada de reclamos y solicitudes de declaraciones de zona de emergencia.Es conocido que el sistema de declaratoria de emergencia esconde un vicio y una mala praxis, pues permite movilizar recursos rápidamente y con discrecionalidad y eludir después la fiscalización correspondiente. La sospecha: después de las lágrimas, llegan los vivos.Reducir los riesgos no debería tratarse de algo extraordinario a sufragarse con una partida extraordinaria, sino que debería contemplarse de forma transversal a la hora de planificar cualquier infraestructura. En Tarija se hacía recurrente la inundación en la avenida Integración por un defecto de diseño, como lo tiene ahora la parte trasera de la Terminal de buses. EN Yacuiba, sea lluvia de record o no, el agua corre por las calles buscando un sumidero que no encuentra, porque muchas veces no existe. Agua que a veces llega desde el Aguaragüe porque por ahí se perdió otro proyecto que debía coadyuvar. Mi Agua, Mi Riego, el Prosol y otros tantos programas invierten recursos para cuidar el bien preciado que, cuando llega, seguimos siendo incapaces de convertirlo en una noticia positiva o al menos, llevadera.Del cielo llegará a los mercados y de ahí a los bolsillos de los ciudadanos y vuelta a empezar. En noviembre llegará de nuevo la sequía. En febrero de nuevo las lluvias. Y así. Es necesario que todas las autoridades, instituciones y ciudadanos comunes y corrientes se comprometan en priorizar la seguridad. Con previsión no es tan difícil.


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