La canasta, el debate pendiente

El programa de la Canasta Alimentaria fue un proyecto aparecido en la gestión de Lino Condori, cuando los recursos se contaban por miles y cada reformulado era una borrachera de millones extras que acababan destinados a ocurrencias del momento. El programa, sin haberlo pensado demasiado,...

El programa de la Canasta Alimentaria fue un proyecto aparecido en la gestión de Lino Condori, cuando los recursos se contaban por miles y cada reformulado era una borrachera de millones extras que acababan destinados a ocurrencias del momento. El programa, sin haberlo pensado demasiado, encajaba perfectamente en las lógicas populistas que dominan la política actual y permitían justificar el despilfarro asegurando que el dinero de las regalías llegaba a todos los tarijeños. ¿Quién no iba a querer una canasta de alimentos gratuitos todos los meses?La norma que sustentaba el proyecto solo contenía un artículo que permitía justificar el programa como un elemento estimulador del desarrollo de Tarija y concretamente de su incipiente, por no decir minúscula, industria agroalimentaria. La norma planteaba que todos los productos entregados en la canasta alimentaria debían ser de la región. Quizá fue precipitada pero  permitía cerrar un círculo: con el Prosol se incentivaba la producción agrícola y con la canasta alimentaria se garantizaba un mercado. No debía haber sido difícil estimular así la inversión privada en Tarija que permitiera a las empresas fortalecerse en primer término y posteriormente trazar planes de crecimiento.No era fácil, las autoridades, los empresarios y la propia Federación de Campesinos debían haberse esforzado en consolidar los mecanismos que permitieran al productor local beneficiarse del programa de forma más o menos directa. Era cuestión de haber creado cooperativas o similares y haber respetado en los pliegos de licitación esa “pequeña” limitación, sin embargo, todo resultaba tan urgente y apresurado que alguien decidió obviarlo y no pasó nada.Los ejecutivos seccionales de entonces, a quienes se les dio la atribución para gestionar el programa, muy en la línea de lo que a Lino Condori le gustaba hacer con el presupuesto, multiplicando “gastos de funcionamiento” y “pegas”, decidieron no hacer caso de esa indicación, más bien decidieron tomarlo como una sugerencia. En algunos municipios se entregaban productos de la competencia directa al productor local, en algunos se denunció incluso la entrega de productos argentinos e incluso ingresados de contrabando… Pero nadie decía nada en serio.La Canasta Alimentaria superaba los 200 bolivianos y como las cuentas no cuadraban ni coincidían con los precios del mercado local se multiplicaron los conceptos de “fortificados” o ricos en nosequé para justificar un valor mucho más alto. Pero como seguía siendo gratis, nadie decía nada.En los últimos tiempos los ahora subgobernadores se dieron la atribución de ajustar el monto de la canasta a su disponibilidad presupuestaria, por lo que los ancianos del departamento dejaron de ser iguales entre sí y unos recibían más y otros menos.La propuesta original de la Gobernación pasaba por centralizar la gestión de compras, optimizando personal y suponiendo que de esa forma se podrían comprar más productos y por tanto, más baratos, mientras que serían los subgobernadores los que la seguirían entregando. La propuesta fue aceptada a regañadientes salvo por Johnny Torres, el subgobernador de Cercado, quien desató una virulenta huelga de hambre y acabó obteniendo la razón por parte de los Tribunales.La siguiente propuesta de la Gobernación es entregar la canasta en efectivo para que los adultos mayores lo gasten como mejor puedan y quieran, una propuesta muy en la línea neoliberal que, por otra parte, también ejercita el Gobierno de Evo Morales con los bonos Juancito Pinto o la propia Renta Dignidad.Entregar la canasta en efectivo, dicen sus defensores, permitirá inyectar dinero de forma directa en la sociedad tarijeña. Los viejitos, se supone, lo gastarán en el mercado local, aunque lo más probable es que se acabe yendo en productos chinos o argentinos, probablemente ingresados de contrabando, y aporte poco o nada a la industria local. No hay quien observa que se puede acabar yendo al vino.La canasta en efectivo es una medida tan populista como la que más, y por demás ideológica. No resolverá los problemas estructurales de la tercera edad en Tarija, demasiado abandonada, y tampoco supone ninguna redistribución, pues será el mismo monto para el que más tiene y para el que menos.El debate está sobre la mesa y no se puede esquivar. Ayudará también a saber qué “Departamento del Bienestar” se quiere construir.


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