El silencio de tu voz

Y la respuesta era la mirada intensa de unos ojos azules grandes, redondos, ansiosos de ver y de experimentar cosas. Sus labios inmóviles parecían querer captar palabras que volaban como mariposas que no querían posarse en ellos.Y esta pregunta se la hacía una y otra vez su madre cuando se...

Y la respuesta era la mirada intensa de unos ojos azules grandes, redondos, ansiosos de ver y de experimentar cosas. Sus labios inmóviles parecían querer captar palabras que volaban como mariposas que no querían posarse en ellos.Y esta pregunta se la hacía una y otra vez su madre cuando se quedaban solos y una mirada expresaba más que todas las palabras de un diccionario.Aprendió durante años a convivir con el silencio de su voz, a hablarle y no encontrar respuesta, a interpretar sus gestos y sus movimientos. Soñó durante mucho tiempo con un amanecer lleno de esperanzas que hiciera salir de su cabecita todas las palabras dormidas. Y confió mucho en que de verdad llegara ese día en el que venciera el miedo a ese silencio.Pasó el tiempo, casi seis años y surgieron las primeras palabras. Y salieron vestidas de fiesta. Pasó el tiempo y esas palabras que andaban solitarias por una cabecita desordenada fueron enriqueciéndose, uniéndose, relacionándose en un laberinto al que todavía había que ordenar.Con paciencia su madre espero y su hijo rompió el silencio diciendo las cosas más hermosas que jamás se pueden reemplazar: “Mamá te amo”.


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