Reunión por Tarija
Los temas pendientes son de diferente magnitud y consideración, desde carreteras olvidadas, como la nunca inaugurada Tarija – Potosí, hasta asuntos de resguardo de fronteras cada vez más avasalladas. Desde promesas sin fecha como la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales o aeropuertos...
Los temas pendientes son de diferente magnitud y consideración, desde carreteras olvidadas, como la nunca inaugurada Tarija – Potosí, hasta asuntos de resguardo de fronteras cada vez más avasalladas. Desde promesas sin fecha como la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales o aeropuertos internacionales en Tarija y en Yacuiba hasta los compromisos de estudiar de buena fe la sociedad con YPFB. Desde cómo se despuebla la zona alta hasta como se sigue muriendo el ganado en el Chaco cada verano de sequía adelantada. Y también de la crisis.
El departamento de Tarija atraviesa quizá el peor de los momentos económicos de su historia. La bonanza de los hidrocarburos disparó los ingresos y la mala gestión disparó los gastos, tanto en forma de aparato burocrático como en forma de inversión superflua o innecesaria. Los principales problemas del departamento no se resolvieron en la década larga que transcurrió desde que se pincharon los pozos de San Alberto y San Antonio y se pusieron en operación junto a Margarita a principios de este siglo hasta que el barril se derrumbó por debajo de los 30 dólares en enero de 2016.
Por el camino han desfilado millones de bolivianos, hasta 18.000 en el último lustro de bonanza que sin embargo se han ido en obras, o promesas de obras, de diferente tamaño y condición. La actual Gobernación asegura que tras el cambio de gestión se encontraron con 5.000 millones de bolivianos comprometidos con diferente grado de ejecución. Hoy dicen que quedan más de 3.000 sin saber de dónde se van a sacar los recursos, pues el barril de petróleo ha vuelto a perder la barrera psicológica de los 50 dólares. Es peor, pues el volumen de exportación también sigue cayendo.
La solución al problema económico de Tarija debe pasar por lo institucional y no se percibe otra vía para ello. No hay una solución política. Ningún político mínimamente perspicaz dejaría caer a una región entera en la recesión, anunciada por el propio Ministro de Economía Luis Arce Catacora hace ya seis meses. Ninguno que tuviera intenciones positivas permitiría que la población tarijeña se debata a diario con la precariedad laboral, si es que han tenido la suerte de conservar su puesto de trabajo en los últimos meses.
El Gobierno ha hecho gestos políticos en departamentos y ciudades donde sí disputan una importante corriente electoral, como El Alto o Santa Cruz, y donde las diferencias ideológicas pueden ser más superponibles. No se entiende que alguien pueda pretender obtener réditos políticos con una situación económica que tiene un origen muy concreto, aunque sus ramificaciones siguen por investigar, y unas consecuencias de impacto que todavía pueden agravarse más.
El Bicentenario es una muy buena excusa para que las principales autoridades del país y del departamento se sienten para recordar las gestas que logramos juntos y repetirlas en el tiempo y con la coyuntura presente. En buena hora y cuanto antes.


