Tariquía, YPFB y la desconfianza

acelerar la exploración en todo el territorio nacional se está convirtiendo en cuestión de Estado.La emergencia ha precipitado que se apueste a lo seguro: Buscar en el entorno de las áreas protegidas para disminuir los riesgos de fracaso. Las áreas de San Telmo y Astilleros se sobreponen en...

acelerar la exploración en todo el territorio nacional se está convirtiendo en cuestión de Estado.La emergencia ha precipitado que se apueste a lo seguro: Buscar en el entorno de las áreas protegidas para disminuir los riesgos de fracaso. Las áreas de San Telmo y Astilleros se sobreponen en menos de un 0,1 por ciento del total del territorio de la Reserva de Flora y Fauna de Tariquía. No es la primera vez que se harán operaciones en un territorio sensible y quizá el peor ejemplo esté también en el departamento de Tarija con los pozos de Sanandita supurando y contaminando el Aguaragüe por décadas, actualmente felizmente remediado.Tanto Ministerio como YPFB y también las instituciones que se beneficiarán de los recursos futuros, argumentan que eran otros tiempos cuando las petroleras campaban a sus anchas mientras sorbían las entrañas para después desaparecer, en este caso, dejando rastro. Después llegó la definición de áreas protegidas por parte de una ONG estadounidense y posteriormente una Ley de Medio Ambiente restrictiva que conceptualmente seguía entendiendo que el negocio petrolero estaría en manos de empresas transnacionales sin escrúpulos concentradas en maximizar su beneficio sin demasiados miramientos.El campo de San Telmo afectará, según el Ministerio de Hidrocarburos, a 80 hectáreas de masa forestal, mientras que las mismas fuentes señalan que en los últimos 20 años se han deforestado más de 12.000 hectáreas dentro del Área protegida, pero más allá de eso, las principales autoridades de YPFB, que lleva una década presentándose como el orgullo de todos los bolivianos, no logran entender como en Tarija se ha generado tanta desconfianza sobre las medidas que la estatal petrolera tomará para proteger el patrimonio natural que, como YPFB, es de todos los bolivianos.El Ministerio de Hidrocarburos y YPFB fallaron en la forma en que presentaron el debate de manera pública. Las contradicciones parecieron excusas, las dudas mentiras y, en definitiva, desde entonces han tenido que construir un argumentario a la contra, que debe derrumbar las ideas preconcebidas de un departamento productor nunca entendido en sus demandas.Tarija produce el 70 por ciento de los hidrocarburos del país y genera más del 80 por ciento del valor. Sin alternativas de desarrollo en el corto plazo, el departamento aspira a seguir siéndolo, pero no a cualquier precio.Tanto al Ministerio como a YPFB no les queda otra opción que informar de la forma más transparente, sin entrar en batallas personales o apasionadas y comprometer todos los esfuerzos para minimizar el impacto ambiental, y después de eso, esperar. El desarrollo departamental y la conservación del patrimonio natural no son asuntos de vencer o convencer, sino de tener certezas y actuar consecuentemente.


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