Viracocha III

En 1949, Heyerdahl organizó la expedición Kon-Tiki que navegó por el océano Pacífico partiendo del puerto del Callao (Perú) en una balsa construida con troncos, totora y materiales naturales de Suramérica, cuyo modelo copió de las balsas que utilizaban los antiguos indígenas aymaras en...

En 1949, Heyerdahl organizó la expedición Kon-Tiki que navegó por el océano Pacífico partiendo del puerto del Callao (Perú) en una balsa construida con troncos, totora y materiales naturales de Suramérica, cuyo modelo copió de las balsas que utilizaban los antiguos indígenas aymaras en el lago Titicaca.La investigadora Carola Pozo Cortez sostiene que con cinco tripulantes a bordo Heyerdahl navegó 4.300 millas (6.920 kilómetros) desde Perú y en 101 días llegó al Atolón de Raroia (Polinesia) hasta las Islas Tuamotu.La expedición demostró que no había razones técnicas para impedir que los primigenios habitantes de América del Sur se hubiesen establecido en las islas de la Polinesia, aunque otros antropólogos –basados en evidencias físicas y genéticas– sostienen que la Polinesia fue colonizada con migraciones desde el continente asiático.Sea como fuere, 51 años después de la primera gran aventura de Heyerdahl, otro biólogo, el estadounidense Phil Buck, inspirado por el explorador noruego antes de su muerte en el año 2000, organizó una expedición marítima en una balsa de totora denominada Viracocha I.La intención era apoyar la teoría de que los antiguos navegantes de América del Sur cruzaron vastas extensiones del océano Pacífico en diversos tipos de embarcaciones, incluyendo el estilo antiguo caña-balsa que eran muy posiblemente el factor clave de la migración humana y la propagación de la civilización. La expedición zarpó del puerto de Arica (Chile) y completó 3.769 kilómetros de viaje a la isla de Pascua (Polinesia) en 44 días. Fue la primera embarcación primitiva de ningún tipo en llegar a la isla perdida en medio del océano Pacífico en los tiempos modernos.Y el 17 de marzo de 2003, un equipo de ocho hombres, una vez más dirigidos por Phil Buck, zarpó de Viña del Mar (Chile) a bordo de una forma completamente nueva balsa de totora: el Viracocha II, en un intento de navegar 10.000 millas (16.093 kilómetros) a través del océano Pacífico a Cairns (Australia) con escalas en la isla de Pascua y otras islas de la Polinesia. No obstante, después de 75 días de navegación la primitiva embarcación –severamente dañada– en medio de muchas dificultades llegó a la isla de Pascua, por lo que Buck decidió que lo mejor era no continuar la aventura. En ese contexto, el mismo explorador estadounidense fue protagonista este jueves en La Paz de la despedida de la tercera balsa de totora: el Viracocha III, que pretenderá completar una travesía marítima de 18.520 kilómetros en 180 días, y que zarpará del puerto de Arica entre el 19 y 26 de marzo de 2017 rumbo a Sídney (Australia).El líder de la expedición y capitán del Viracocha III, Phil Buck, dijo que la intención es demostrar ante el mundo que sí es posible unir con una balsa de totora las costas del océano Pacífico y Australia “llevando un mensaje de paz”.Ahora bien, ¿cuáles son las posibilidades reales que tiene la tripulación del Viracocha III, una frágil embarcación de juncos de totora atados con cuerdas, para navegar miles de kilómetros a través de un océano impredecible y llegar sanos y salvos a Australia?Erick Katari, uno de los constructores y el único boliviano que será parte de la tripulación de 12 miembros, ensaya una posible respuesta: “Esta embarcación ha sido utilizada por nuestros antepasados tiwanakotas, chiripas, incas y mochicas”.El secreto de la solidez de las balsas de totora no radica sólo en la resistencia de los materiales, sino en la forma ingeniosa de unirlos, un arte que los aymaras han transmitido de generación en generación y es parte de la riqueza cultural de Bolivia.No obstante, más allá de las interpretaciones antropológicas, hay indicios de que los habitantes de pueblos precolombinos de Suramérica navegaron por el océano y bien pudieron unir el continente con las islas de la Polinesia a bordo de embarcaciones de juncos, muy similares al Viracocha III que intentará navegar miles de kilómetros llevando un mensaje de paz e integración entre los pueblos.


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