Degradación de suelos

“Tenemos el dato del 41 por ciento de degradación (de los suelos) de hace 10 años, de seguro hemos aumentado, pero debemos confirmar. Hemos avanzado y nos estamos acercando al 50 por ciento y eso debe alarmarnos, estamos hablando de superficies cultivadas”, dijo Ticona.Y en el plano...

“Tenemos el dato del 41 por ciento de degradación (de los suelos) de hace 10 años, de seguro hemos aumentado, pero debemos confirmar. Hemos avanzado y nos estamos acercando al 50 por ciento y eso debe alarmarnos, estamos hablando de superficies cultivadas”, dijo Ticona.Y en el plano departamental, según datos del Programa Ejecutivo de Rehabilitación de Tierras de Tarija (PERTT), de hace cinco años, el 70 por ciento de las tierras de la Cuenca del Río Guadalquivir se encuentra afectados por un fuerte proceso de erosión.Más del 60 por ciento de la superficie del departamento de Tarija está afectada por la desertización y más severamente el Valle Central por su característica geológica, en tanto que en otras ecoregiones como la Puna y el Chaco, los procesos de degradación del suelo se incrementaron por el sobre pastoreo y al avance de la frontera agrícola.Otro de los problemas es la disminución de las fuentes de agua dulce, sobre todo en las zonas semiáridas del departamento hidrológicamente estructurado en tres cuencas: del río Pilcomayo, del río Bermejo y la endorreica de Tajzara.En ese contexto, el representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en Bolivia, Crispín Moreira, sostuvo que actualmente el debate mundial es sobre la sostenibilidad del manejo de suelos. El suelo es un recurso clave y un elemento esencial del entorno natural que produce la mayor parte de los alimentos que satisfacen las necesidades nutritivas de los seres humanos, de los animales y de gran parte de seres vivos que habitan el planeta. El suelo proporciona espacio habitable y desempeña un papel fundamental en el buen funcionamiento de los ecosistemas, contribuyendo a la regulación del flujo del agua y el clima, la biodiversidad, la captación de carbono y la preservación de las tradiciones culturales.Además, al menos una cuarta parte de la biodiversidad mundial habita bajo tierra, donde pequeños organismos como bacterias, hongos y raíces de las plantas impulsan el reciclaje de alimentos y ayudan a las plantas a mejorar la ingesta de estos nutrientes.Sin embargo, los suelos están sometidos a una presión creciente debido al aumento de la población global que ronda los 7.000 millones de seres humanos y, por consiguiente, por la demanda de alimentos y el uso de la tierra con fines diversos.  Por factores como la erosión, el agotamiento de nutrientes, la salinización, la compactación, la pérdida del carbono orgánico y la contaminación química, los suelos del planeta se encuentran en eminente peligro. Según la FAO, la mayor parte de los recursos mundiales de suelos están en condición mala o muy mala, mientras que el 33 por ciento de la tierra del planeta ya padece de una degradación moderada o alta. “Los suelos constituyen la base para el desarrollo agrícola, las funciones esenciales de los ecosistemas y la seguridad alimentaria y, por lo tanto, son clave para sostener la vida en la Tierra”, así lo determinó la Asamblea General de las Naciones Unidas, con el apoyo de la FAO, al declarar el 5 de diciembre como el Día Mundial del Suelo.La campaña por el Día Mundial de los Suelos nació como una iniciativa de la FAO, que busca sensibilizar sobre el uso de los suelos y fomentar una ordenación sostenible de la tierra para generar más hectáreas de suelos sanos en todo el mundo.Ahora bien, el fenómeno de la desertización está altamente vinculado con el cambio climático que augura un acceso al agua cada vez menor, por lo que urge asumir medidas preventivas para detener ese proceso.Los expertos sugieren coordinar la gestión de las tierras y de los recursos hídricos para proteger el suelo de la erosión, la salinización y otras formas de degradación, y fomentar la coexistencia del pastoreo y los cultivos en las tierras que reúnen las condiciones propicias, lo que permitiría un ciclo de nutrientes más eficaz en los sistemas agrícolas.Y para tener éxito, las tareas de recuperación y rehabilitación de las zonas secas desertizadas requieren una combinación de políticas y tecnologías y la colaboración estrecha de las comunidades locales y de todos sus habitantes.


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