La triste navidad
Al otro lado de la ventana, el cielo estaba negro. Se sentó en la cama y prendió la luz. “El día de Navidad es el día más triste del año”, pensó. “De todos los millones de personas que viven en Bolivia, yo soy prácticamente el único que tiene que levantarse en la fría oscuridad de...
Al otro lado de la ventana, el cielo estaba negro. Se sentó en la cama y prendió la luz. “El día de Navidad es el día más triste del año”, pensó. “De todos los millones de personas que viven en Bolivia, yo soy prácticamente el único que tiene que levantarse en la fría oscuridad de las cinco de la mañana el día de Navidad”, dijo. Se vistió, y al bajar la escalera desde el piso superior del cuarto donde vivía, sólo oyó unos ronquidos, para él groseros. El barrio estaba a oscuras. Millones y millones de personas dormían, y aquella pérdida general de conciencia generaba una impresión de abandono, como si la ciudad se hubiera desmoronado, como si aquel día fuese el fin del mundo. Gabriel abrió las puertas de cristal del hotel donde trabajaba como ascensorista, desde hacía seis meses, cruzó el elegante vestíbulo y entró en el vestidor de la parte trasera. Se puso el chaleco de rayas con botones dorados y unos pantalones azules.Afuera había guirnaldas y adornos por todas partes, campanas repicando, árboles en el parque, Papa Noel estaba en cada esquina y en todas las paredes y las ventanas. Al volver a casa unas cuantas noches atrás, Gabriel había visto a una mujer y a una chiquilla. La niña lloraba. Adivinó que estaba llorando porque había visto en las vitrinas todos los juguetes de las tiendas y no alcanzaba a comprender por qué ninguno era para ella. Imaginó que la madre era sirvienta, o quizá camarera, y las vio camino de vuelta a una habitación como la suya, con paredes verdes y sólo un pan para cenar.Como Gabriel hay cientos de niños en el país y muchos en peores situaciones. En Tarija como en otras ciudades de Bolivia, en estos días de navidad se repetirá el éxodo de familias campesinas que con sus niños descalzos llegarán a pedir un mendrugo de pan, monedas o alguna ropa usada.En otro escenario cientos de niños se encontrarán trabajando, otros pidiendo limosna. Y así sumarán una serie de desigualdades. Pero también para las familias de ingreso medio será una Navidad difícil, pues sin duda, éste año ha sido muy complicado, particularmente en los hogares en los que ha dejado de haber ingresos económicos regulares, debido al dramático y sostenido aumento del desempleo en Bolivia. Esto se ha visto empeorado por las circunstancias económicas y políticas que han llevado a un encarecimiento tan sostenido como insostenible de la vida. Adecuar repentinamente los desembolsos de la familia a estas circunstancias tan penosas es tarea que además de dañar la autoestima, es poco grata y laboriosa; más aún, en fechas tan consumistas como las navidades, en las que la soledad, la pobreza y el poco circulante han duplicado su poder devastador.Habrá, sin embargo -en todo el país- otras miles de familias que estrenarán navidades sin empleo, en los umbrales de la pobreza. Tanto para unas como para otras familias, estas navidades serán tristes, porque cuesta plasmar o simbolizar más la repercusión de la drástica disminución de ingresos y de la escasez de recursos.Uno de nuestros mayores retos sociales en estos próximos tiempos será la adaptación de las personas y las familias, de las empresas y de la Administración, a una menor posibilidad de gasto, a aceptar e incluir a quienes el sistema está comenzando a excluir por su pobreza y falta de recursos, a trabajar unidos para dar la vuelta a la tendencia, para ser más competitivos y eficientes, como familias, como empresas, como Estado.Queda por ahora ser solidarios, animar a todos y a todas a que esta Navidad primemos lo importante, lo emocional, lo que es lo valioso y no lo costoso. No olvidemos que hay infinidad de campañas solidarias a las que nos podemos sumar con un pequeño granito de arena.


