La muerte cae del cielo

pero por una desautorización de la Agencia de Aviación Civil (ANAC) de Brasil tuvo que hacer escala en Santa Cruz de la Sierra y se embarcó en un avión Avro Regional Jet 85 (RJ85), que –hoy se sabe– tenía una autonomía de vuelo limitada.Así comenzó una terrible cadena de errores de la...

pero por una desautorización de la Agencia de Aviación Civil (ANAC) de Brasil tuvo que hacer escala en Santa Cruz de la Sierra y se embarcó en un avión Avro Regional Jet 85 (RJ85), que –hoy se sabe– tenía una autonomía de vuelo limitada.Así comenzó una terrible cadena de errores de la aeronave de la Línea Aérea Mérida Internacional de Aviación (LAMIA) que terminó con una tragedia que costó la vida a 71 personas y dejó a seis heridas de gravedad. La tragedia enlutó al mundo del deporte, especialmente al fútbol y al periodismo.El avión en el que viajaba el equipo brasileño se estrelló cuando estaba a punto de llegar a su destino, el aeropuerto de Medellín, ciudad donde este miércoles tenía previsto disputar con el Atlético Nacional colombino el partido de ida de la final de la Copa Sudamericana.Aviones del tipo Airbus 320, como el que no pudo contratar el Chapecoense para viajar directamente desde el aeropuerto de Guarulhos, en Sao Paulo, hasta Medellín, tienen una autonomía de vuelo de 5.900 kilómetros; en tanto que la autonomía de vuelo del Avro Regional Jet 85 es de apenas 2.900 kilómetros.Un experto en aviación consultado por el diario El Colombiano aseguró que el avión del vuelo del Chapecoense tenía una capacidad limitada para realizar el trayecto Santa Cruz de la Sierra – Medellín, cuya distancia sería cerca de 3.000 kilómetros.En una entrevista con Radio Caracol de Colombia, el especialista en aeronáutica Santiago García señaló –por su parte– que “la autonomía del avión estaba en su límite. Hizo un vuelo muy largo y se le agotaba el combustible”. El avión que operaba la aerolínea LAMIA tenía capacidad de combustible para volar unos 2.900 kilómetros, sin embargo, la distancia que debía recorrer era de unos 3.000 kilómetros, por lo que no se abastecía por completo para hacer la ruta larga. “Siempre debe haber un margen de operatividad”, mencionó García, es decir, darle al avión más combustible del estimado por si hay algún imprevisto, lo que no ocurrió.Y lo que pasó después fue parte del infortunio. Un avión que estaba en la frontera presentó una emergencia también por combustible. Era de la empresa Viva Colombia.El protocolo de seguridad se activó y se le dio prioridad para que pueda aterrizar rápidamente. Entonces mandaron al avión que llevaba al Chapecoense a sobrevolar por unos minutos hasta que pueda encontrar lugar para aterrizar. El piloto de nacionalidad boliviana del Avro RJ 85, el capitán Miguel Quiroga, no había reportado que también su avión se estaba quedando sin combustible. Esos minutos perdidos resultaron fatales.En declaraciones a El Colombiano la boliviana Ximena Suárez –una de los seis sobrevivientes– aseguró que la aeronave “se apagó por completo” y “tuvo un fuerte descenso” antes de sufrir “un gran impacto” contra tierra en la zona de Cerrogordo de la Unión, y sostuvo que el rendimiento del avión fue estirado al límite y de forma indebida. El vuelo de la compañía LAMIA solicitó “una aproximación inmediata”, es decir, un aterrizaje de emergencia, pero la fatalidad quiso que delante suyo, como se puede escuchar en la grabación de la última conversación del piloto con una operadora de la Torre de Control, otras dos aeronaves iban a aterrizar.“Señorita Lamia 933 está en falla total, falla eléctrica total, sin combustible…”, se oye decir al piloto en la grabación, a lo que la operadora responde: “Pista libre y esperando lluvia sobre la superficie Lamia 933, bomberos alertados…” Pero ya era demasiado tarde. Tres futbolistas del Chapecoense: Alan Ruschel (23 años), Helio Zampier (31) y Jackson Follmann (24), el periodista Rafael Valmorbida (43), y los bolivianos Erwin Tumiri (técnico de vuelo) y Ximena Suárez (azafata), salvaron milagrosamente la vida, en un fatídico vuelo marcado por terribles errores que desencadenaron una tragedia que bien pudo haber sido evitada.Y mientras los expertos revisan las grabaciones de la caja negra de la aeronave, las respuestas quedarán todavía en el aire, respuestas que acaso servirán como consuelo tardío a los familiares de las 71 víctimas del fatídico vuelo del Avro RJ 85.


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