¡Tranquilo, Dios no está muerto!
Frente a ese hogar destruido se hallaba un anciano con cara de abuelo que estaba vestido sÓlo con ropa interior, y junto a él un muchachito que se aferraba a un sobretodo remendado. Era evidente que el niño estaba llorando.Debajo de la fotografía estaban las palabras que, según el artista,...
Frente a ese hogar destruido se hallaba un anciano con cara de abuelo que estaba vestido sÓlo con ropa interior, y junto a él un muchachito que se aferraba a un sobretodo remendado. Era evidente que el niño estaba llorando.Debajo de la fotografía estaban las palabras que, según el artista, el anciano le estaba dirigiendo al niño. Eran palabras simples, y sin embargo, contenían una profunda teología y filosofía de vida. Decía: “¡Tranquilo, niño; Dios no está muerto!”.Esa representación vívida de la cabaña destruida por el fuego, del anciano, del niño lloroso, y de las palabras “Dios no está muerto”, llega una y otra vez, en lugar de ser un recordatorio de la desesperación de la vida, se han convertido en un recordatorio de esperanza.Necesitamos recordar que hay esperanza en este mundo. En medio de todos los problemas y fracasos de la vida, necesitamos contar con imágenes mentales que nos recuerden que mientras Dios esté vivo y en control de este mundo, no todo está perdido.


