¡Basta, ni una menos!
No hay salida, no hay luz, solo oscuridad la rodea. Acalla los sollozos, llora en silencio, llora sola…”. Así describe la periodista cubana Leidys María Labrador Herrera, la violencia contra las mujeres. Y así de dolorosas son las historias de violencia contra ellas, las que ocurren...
No hay salida, no hay luz, solo oscuridad la rodea. Acalla los sollozos, llora en silencio, llora sola…”. Así describe la periodista cubana Leidys María Labrador Herrera, la violencia contra las mujeres.
Y así de dolorosas son las historias de violencia contra ellas, las que ocurren en un barrio marginal, en una humilde vivienda o entre los muros de una mansión.
La realidad desvela que una de cada tres mujeres del mundo sufre violencia durante su vida, a menudo a manos de una persona conocida, querida y en la que confía; y siete de cada 10 ha sido violentada al menos una vez en su vida, por lo que este fenómeno es considerado una pandemia global.
Por ejemplo, casi la mitad del total mundial de mujeres víctimas de feminicidio en 2012 fue asesinada por su compañero sentimental o por algún familiar.
La violencia contra las mujeres y las niñas constituye una grave violación de los derechos humanos, ya que arruina su vida, causa enfermedades y provoca dolor y sufrimientos incalculables.
Y para enfrentar la violencia por razones de género, el 17 de diciembre de 1999 la Asamblea General de las Naciones Unidas fijó al 25 de noviembre de cada año como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
En ese contexto, el pasado viernes muchas capitales del mundo fueron escenarios de multitudinarias marchas de reivindicación de los derechos vulnerados de las mujeres y en contra del machismo y la violencia en contra de ellas.
Y Tarija no fue la excepción. En las calles de la ciudad capital, de Yacuiba y de Villa Montes hubo un ‘montón’ de gente exigiendo el fin de la violencia machista y un juicio justo y rápido para las víctimas del grado extremo.
Una crónica de El País eN, narra que en la plaza Luis de Fuentes la gente lloraba, no un mar de lágrimas, pero lloraba. Los grupos de adolescentes se daban valor y coreaban consignas, y a la señora apostada en la vereda se le anudaba la garganta.
Lloraban luego de abrazar a la familia Solano antes de empezar la marcha. Lloraban cuando resonaba adentro el “nos están matando” de Eli Rendiz o el “hagan algo señores” de Sonia Martínez, interpelando por megafonía frente al Palacio de Justicia.
Ya en la plaza se aguantaban la congoja cuando el señor Aguilar recordaba el peregrinar para demostrar que su hija no se suicidó sino que la mataron, el mismo que atraviesa el papá de Omaira.
Y no se pudo aguantar cuando la madre coraje de Daniela (17) tomó el micrófono: Soy la madre de la “del Temporal”, denunciando en dos palabras la deshumanización a la que se somete a las víctimas de feminicidio a todos los niveles.
Datos de la Fiscalía General del Estado desvelan que entre enero y octubre de este año se registraron 94 casos de feminicidio en Bolivia, una cifra mayor a la reportada durante todo el 2015, año en el que se registraron 93 muertes violentas de mujeres.
En el departamento de La Paz se denunciaron 27 casos de feminicidio, en Cochabamba 23, en Santa Cruz 17, en Chuquisaca 4, en Oruro 5, en Tarija 4, en Potosí 8, en Beni 3 y en Pando 1.
Además, Bolivia es el país latinoamericano con mayores índices de violencia machista y el segundo después de Haití en violencia sexual, según ONU Mujeres.
No obstante, para que se dé el feminicidio concurren de manera criminal, el silencio, la omisión, la negligencia y la colusión de autoridades encargadas de prevenir y erradicar esos crímenes que se multiplican cuando el Estado no da seguridad a las mujeres en su comunidad y en su casa, en los espacios de trabajo, de tránsito y de esparcimiento.
Es decir, se permite el feminicidio cuando las autoridades no cumplen con eficiencia sus funciones y la justicia no castiga a los criminales; por lo que el feminicidio también es un crimen de Estado.
Para frenar la violencia en contra de las mujeres y niñas es preciso que los feminicidas sean sancionados con el mayor rigor posible de la ley, los servicios sociales ayuden a reconstruir la vida de las víctimas, y éstas clamen: ¡Basta, ni una menos! No como una súplica, sino como la más firme exigencia. ¿No les parece?


