La Paz tiene sed
El pasado 8 de noviembre y ante el descenso de los niveles de agua de las represas de Incachaca y Hampaturi, reservorios que abastecen a gran parte de los habitantes de la ciudad sede de gobierno, EPSAS determinó racionar el suministro a 94 barrios ubicados en la zona Sur y en la ladera...
El pasado 8 de noviembre y ante el descenso de los niveles de agua de las represas de Incachaca y Hampaturi, reservorios que abastecen a gran parte de los habitantes de la ciudad sede de gobierno, EPSAS determinó racionar el suministro a 94 barrios ubicados en la zona Sur y en la ladera Este.Según el gerente interventor de EPSAS, Rudy Rojas, la restricción en el suministro de agua es resultado de la escasez de lluvias, lo que ocasionó una severa disminución de los niveles de agua, cuyo mayor impacto afectó a la represa de Hampaturi. “No somos una isla. No hemos recaudado mucha agua, tenemos algunos problemas de niveles en Hampaturi. Lo que está pasando es producto del calentamiento global y por eso se han realizado las reducciones en algunas zonas, sobre todo en la Sur”, dijo Rojas.No obstante, a una semana de la vigencia del plan de racionamiento del suministro de agua, la represa de Incachaca –ubicada a 30 kilómetros de La Paz–, que hasta algunos meses era un gran espejo de agua, “hoy solo es tierra rajada y húmeda que se seca poco a poco”, testimonia el periodista Iván Paredes Tamayo, de la agencia ANF.Y más al Sur, la represa de Hampaturi presenta el mismo panorama desolador, ya que el agua que aún contiene se evapora a un ritmo más acelerado de lo esperado. Ambas represas nunca habían tenido un nivel tan bajo de agua: Hampaturi apenas el 5% e Incachaca el 8%. Este fenómeno no sólo provocó el sufrimiento de los vecinos de los barrios afectados, también llamó a una reflexión sobre el desperdicio del agua.Según admitió el gerente de Operaciones de EPSAS, Iván Sarmiento, al momento no existe una fecha definida para levantar el racionamiento del suministro de agua y todo dependerá de las lluvias que alimentan a las cinco represas de las que se abastecen de agua potable casi un millón de personas.El panorama también es desolador –como en Hampaturi e Incachaca- en las otras tres represas que abastecen de agua a La Paz: Milluni, Tuni Condorini y Ajuan khota.La sequía que ahora muestra sus efectos en la ciudad sede de gobierno, en lo que va de este 2016 causó estragos en varias regiones del país y más de 150.000 familias fueron damnificadas en el peor desastre natural de los últimos 25 años producto del fenómeno climático de El Niño y por el calentamiento del planeta.Unas 750.000 personas sufrieron directamente los efectos perniciosos del embate de la naturaleza en decenas de municipios ubicados en los llanos, el Chaco, los valles y el altiplano.La sequía afectó al menos a 277.000 cabezas de ganado, 511.000 hectáreas de sembradíos de diversos productos agrícolas y una disminución en volumen que sobrepasa el medio millón de toneladas, con las consiguientes pérdidas económicas que enfrentan los productores.En este preocupante panorama, el presidente de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), Julio Roda reportó en agosto pasado que el sector había registrado una pérdida de 500 millones de dólares debido a la sequía.Además, entre julio de 2015 y junio de 2016, la variación del sector de hidrocarburos experimentó un decrecimiento del 2,69%, la minería experimentó una caída del 0.03%, y la agricultura, a pesar de haber crecido en un 3,2%¬, no rindieron en la magnitud que se esperada para impulsar las cifras de la economía boliviana que alcanzó el 4,43% de crecimiento.Ahora bien, si queremos enfrentar el cambio climático con posibilidades de éxito urge frenar la sobreexplotación de las reservas de agua, el consumo que supera al suministro lo que origina una situación insostenible, porque el despilfarro en una zona priva a otras áreas del agua que necesitan.Muchos países se encuentran en una situación hídrica deficitaria, porque están ya consumiendo más agua que los recursos renovables que tienen disponibles, y Bolivia no puede ni debe ser uno de ellos. Y sólo el uso racional del agua permitirá que los embalses, atajados y represas puedan estar llenos en el momento de la próxima sequía. ¿No les parece?


