Navidad, la burbuja consumista
El concepto del diccionario universal señala que el consumo es la utilización de bienes y servicios que hace un sujeto económico para satisfacer sus necesidades presentes o futuras. Empero, el consumo masivo lleva al consumismo, que es el consumo exagerado y compulsivo de bienes y...
El concepto del diccionario universal señala que el consumo es la utilización de bienes y servicios que hace un sujeto económico para satisfacer sus necesidades presentes o futuras. Empero, el consumo masivo lleva al consumismo, que es el consumo exagerado y compulsivo de bienes y servicios. De esta manera, nuestra sociedad incrementa el consumo a través de dos factores: 1) la producción de bienes con carácter “desechable”, y 2) la publicidad. A través de esta última, la psicología y otras disciplinas al servicio de la mercadotecnia inducen “nuevas necesidades” en los sujetos.No es secreto que el consumismo se dispara en todas las festividades que los comerciantes promocionan, pero sobre todo lo hace en Navidad, época en la que grandes cantidades de dinero son gastadas en bienes intrascendentes. Durante todo el año, más ahora con la mentada crisis, fue común escuchar a las personas quejarse de los precios de los productos en el mercado. Esto sucedió en Tarija, en Bolivia y en todo el mundo, sin embargo, no falta mucho para que las quejas queden a un lado y las calles y centros comerciales se llenen de individuos ansiosos de comprar lo que “necesitan”.¿Pero pasada la fiebre qué sucede? La fiebre de la Navidad puede incluso arrastrar a muchos al endeudamiento o a la solicitud de adelantos de utilidades en sus trabajos. Una gran cantidad de personas suele recurrir a las tarjetas de crédito para acarrear estos gastos sobre los cuales es válido cuestionar ¿son necesarios?Por lo general, lo que impera en la decisión de gastar tanto dinero en esta época es el no querer dejar sin regalos a sus familiares y amigos. Gastar una alta suma de dinero en las fiestas navideñas pareciera ser la certificación del amor hacia los hijos, parejas, madres, padres, entre otros.Empero, no se dan cuenta que el consumismo resquebraja la unidad familiar y obliga a muchos padres a realizar jornadas laborales extenuantes que los alejan de sus hijos. Para colmo de males, más tarde, esta ausencia es compensada con sustitutos materiales que implican más consumo. Ahora es cierto, que es difícil modificar patrones de consumo cuando el sistema económico continúa incentivando el derroche. El primer paso es tomar plena conciencia del problema, y el segundo, mucho más difícil, evitar los excesos en el consumo.La Navidad en sí es una tradición religiosa para rememorar el nacimiento de Jesucristo el 25 de diciembre, sin embargo, la esencia de esta festividad se ha ido perdiendo con el tiempo, pues el modelo capitalista imperante en el mundo ha transformado lo religioso y espiritual en una ocasión para que la vanidad salga a relucir.De esta manera, el cerebro humano asocia la navidad con felicidad, regalos, fiestas, colores, luces y un sin fin de cosas alegres. En este marco son muchos los factores que incentivan este tipo de pensamiento y nos vuelven autómatas. La poderosa industria Coca-Cola popularizó la imagen del gordinflón sonriente, vestido de rojo y con barba blanca, estrategia efectiva de una de las más poderosas empresas yanquis. Esto demostró el enorme poder de la multinacional de refrescos capaz de hacer a medio mundo devoto de un personaje creado por un publicista gringo, Haddon Sundblom, quien dibujó en 1931 al Santa Claus barbado y de rojo para los anuncios navideños del refresco.Esto popularizó la imagen del personaje, al servicio del consumo y en consecuencia, el nacimiento de Cristo y la leyenda de Santa Claus han sido utilizados por el proceso de globalización capitalista para aumentar la venta de sus mercancías, incrementar las tasas de ganancia, la especulación y desmejorar las tradiciones culturales de los países influenciados por Estados Unidos.En fin, el componente emocional que involucra esta época del año trae consigo una confusión de sentimientos que nos hacen parte de una burbuja consumista, donde no somos conscientes del dinero que gastamos. No nos dejemos atraer por los excesos.


