Trump, presidente
La victoria del también magnate inmobiliario fue posible por el masivo respaldo a su candidatura por parte de los estadounidenses blancos, descontentos con las élites políticas y económicas, y soliviantados por el temor ante el terrorismo, la inmigración y por los cambios demográficos...
La victoria del también magnate inmobiliario fue posible por el masivo respaldo a su candidatura por parte de los estadounidenses blancos, descontentos con las élites políticas y económicas, y soliviantados por el temor ante el terrorismo, la inmigración y por los cambios demográficos acelerados en su país.La victoria del candidato republicano rompió todos los pronósticos de las encuestas electorales, que hasta pocos días antes de los comicios otorgaban una estrecha victoria, pero victoria al fin, a su contendiente Hillary Clinton. Trump se proclamó vencedor de las elecciones presidenciales estadounidenses al superar la cifra clave de 270 votos de los miembros del Colegio Electoral frente a los 228 que consiguió Clinton.Ahora bien, ¿por qué un candidato que ofendió a mexicanos y latinoamericanos, a inmigrantes y musulmanes, a chinos y afroamericanos, a hombres de negocios con fortunas mucho mayores que la suya y a la clase política, a Barack Obama y a la prensa norteamericana y –por si no fuera suficiente– a las mujeres, ganó la carrera hacia la Casa Blanca?Trump supo entender el hartazgo de gran parte de los electores con el establishment, con el que se identificaba a Clinton; nadie como él enfocó su discurso en los blancos pobres, convencidos de que han perdido sus posibilidades de empleo por la llegada de inmigrantes que ocupan esos puestos de trabajo por sueldos más bajos.Es decir, el discurso en contra de los inmigrantes fue asumido con total convicción por parte del segmento de estadounidenses blancos empobrecidos, esencialmente de las áreas rurales de estados como Florida, Carolina del Norte, Wisconsin, Ohio y Pensilvania que hasta pocos días antes de las elecciones estuvieron indecisos.Nadie como él supo explotar la ansiedad de los estadounidenses promedio sobre el presente y su miedo sobre el futuro, ni supo capitalizar el descontento de un gran segmento poblacional contra la élite política.Los expertos pensaron que la retórica vulgar de Trump, sus discursos llenos de odio, falsedades e insultos hacia los inmigrantes latinos y musulmanes, afroamericanos y héroes de guerra, mujeres y empresarios, lo descalificarían para llegar a la presidencia, pero cuán equivocados estaban.Otro factor clave para la derrota de Clinton fue el voto mayoritario a favor de Trump de la comunidad cubana que reside en Miami (Florida), porque el gobierno demócrata de Barak Obama otorgó “excesivas concesiones” al presidente cubano Raúl Castro, dentro del proceso de normalización de las relaciones bilaterales.El restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba, sin que el bloqueo económico haya derrotado a la revolución socialista, fue otro de los puntos nodales de la campaña de Trump, quien ofreció dar marcha atrás en el acercamiento con La Habana y su postura satisfizo a la comunidad cubana anticastrista.Y no solo eso: por primera vez en décadas, Estados Unidos se abstuvo –en el seno de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en octubre pasado– de votar en contra del levantamiento del bloqueo a Cuba y esta actitud fue duramente cuestionada por el exilio cubano en Miami.El texto impulsado por el gobierno cubano recibió 191 votos a favor y solamente dos abstenciones: de Estados Unidos e Israel, países que se habían pronunciado en contra durante los últimos 24 años.Y mientras los mercados internacionales comenzaron a recuperarse del primer impacto negativo que supuso el triunfo electoral de Trump, éste empezó a rever su discurso incendiario, racista y xenófobo de la campaña electoral. En su primer discurso como presidente electo, pidió unidad, evitó atacar a mexicanos y musulmanes, algo que había hecho con frecuencia durante el último año.No obstante que el gobierno que liderará Trump a partir del próximo 20 de enero, cuando jure como presidente, tendrá sus propios matices, no se apartará del sendero que en los años 50 del siglo pasado describiera John Foster Dulles, secretario de Estado en la presidencia de Dwight Eisenhower: Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses. Trump representa esos intereses y actuará en consecuencia.


