Bolivia, tierra de contactos

En ese escenario vale destacar una nueva condición boliviana, probablemente el más importante logro de los últimos años: nuestro país ha dejado de ser una traba, un tapón geográfico y se constituye en una tierra de contactos. El tiempo de los corredores bioceánicos llegó y Bolivia es una...

En ese escenario vale destacar una nueva condición boliviana, probablemente el más importante logro de los últimos años: nuestro país ha dejado de ser una traba, un tapón geográfico y se constituye en una tierra de contactos. El tiempo de los corredores bioceánicos llegó y Bolivia es una especie de puente continental entre sus países vecinos. Ello como fruto de su formidable ubicación geográfica.   Esa cualidad se potenció cuando, el presidente peruano, Pedro Pablo Kuczynski, se reunió con su par boliviano, Evo Morales, en el segundo gabinete conjunto. Ambos suscribieron un acta que avala más de cien acuerdos. Y entre ellos se gesta el ferrocarril bioceánico que prevé unir los puerto de Santos (Brasil) e Ilo (Perú), a través del territorio nacional.  Con la cristalización de esta obra ganarían prácticamente todos. Sería una victoria para la integración sudamericana, porque con la ferrovía se pueden beneficiar hasta seis naciones, según las previsiones técnicas efectuadas por Bolivia.El acuerdo dejó marcadas esperanzas en su plena consolidación y pronto inicio. Kuczynski, ejecutivo de reconocida capacidad pragmática, avala la certidumbre sobre la viabilidad del proyecto. El Presidente peruano, que gobierna desde julio, en agosto, en pleno foro internacional de los países del Pacífico virtualmente descartó otro proyecto similar que buscaba unir Perú con el Atlántico a través de la Amazonía, pero marginando a Bolivia. Y Kuczynski no se opuso a aquella iniciativa por aspectos políticos, geoestratégico ni mucho menos ideológicos. Explicó la simple lógica económica: aquel tren implicaba una inversión de 60.000 millones, de dólares, mientras que la vía boliviana bordeará los 10.000 millones.Por el lado boliviano el proyecto, sin prisa, pero sin pausa ha ido avanzando. Se prevé que en mayo de 2017 se conozcan los primeros estudios peruanos. Mientras tanto Alemania anticipó su decidido respaldo a financiar esta obra. Desde siempre la concreción de vías estratégicas ha implicado notables transformaciones sociales y económicas. Las historias mundial o boliviana resultan elocuentes en ello. Es suficiente recordar la célebre ruta 66 que desató la articulación estadounidense o las grandes rutas europeas que llegaron hasta el mítico tren transiberiano. Abundan esas historias de sacrificados constructores de ferrocarriles que surcan el lejano oeste de EEUU, las vías australianas o las rutas del Asia. Y en Bolivia, con un siglo de retraso, esa realidad se va plasmando en estos últimos lustros. De hecho, ya funcionan a plenitud dos corredores bioceánicos: el que une La Paz y Tarija, cuyas extensiones son puertos argentinos y peruanos; y el que une Tambo Quemado y Puerto Suárez, que articula Chile y Brasil. Varios otros se hallan en etapas de conclusión o definitivo avance. Baste recordar que tan solo el haber unido Cochabamba y Santa Cruz en 1954 derivó en el más importante salto económico y social de la historia boliviana. El tren bioceánico, sin duda, será un magnífico colofón para uno de los sueños más caros de los bolivianos y los sudamericanos. 


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