La política de la épica y la pequeña gran política
En este orden de cosas quisiera distinguir dos formas de ver lo mencionado; primero, a través de una administración que busca instalar el mensaje de que se sigue por la senda de las grandes acciones, es decir, lo épico en la política; segundo, si es que nuestra administración gubernamental...
En este orden de cosas quisiera distinguir dos formas de ver lo mencionado; primero, a través de una administración que busca instalar el mensaje de que se sigue por la senda de las grandes acciones, es decir, lo épico en la política; segundo, si es que nuestra administración gubernamental se concentra mayoritariamente en atender cuestiones poco grandilocuentes pero que sin duda tienen una carga simbólica y un efecto inmediato en la ciudadanía.La política de la épica se visibiliza cuando se prepara una ingente cantidad de ayuda humanitaria a propósito del desastre natural que acaba de sufrir hace poco el Ecuador y en la delegación se observa estar precedida por el primer mandatario. Otra vez, la política de la épica se presenta cuando se anuncia la construcción del ingenio de explotación de zinc en Colquiri.La pequeña gran política se hace presente cuando se observa que ante un problema con las personas con discapacidad la estrategia del fraccionamiento interno del movimiento es la decisión más útil, y no la vía más compleja que representaría más esfuerzo intentando llevar el tema a un terreno integral en el que estén involucrados autoridades de todos los niveles territoriales (nacional, departamental y municipal). O mientras se anuncia nuevamente la participación en un evento deportivo que nos demanda un gasto de cuatro millones de dólares sólo por tener el derecho de entrar en la ruta de la competencia, mientras al frente del lugar donde se hace el anuncio épico tenemos a nuestros artistas que reclaman por mayores incentivos a su sector. A la luz de los ejemplos antes expuestos conviene precisar lo que lleva por detrás estas dos formas de hacer política. La política de la épica llevada al extremo puede conducir a que la gente asocie lo que se haga con una actitud de arrogancia por parte de nuestros políticos, entre otras cosas porque lo que se libran hoy día en periodos de tiempo donde no hay cerca una elección no son batallas en las que merecen la pena destacar que hay buenos y malos. La pequeña gran política suele ser una vía coherente para mantener núcleos duros electorales y seducir otros más, en esta lo que destaca es una sensación de la ciudadanía porque el gobierno se preocupa de temas cotidianos intentando resolverlos y de esta forma además de librar batallas importantes demuestra capacidad de bajar a resolver problemas específicos que a la gente le importa, no interesa si el tema es completamente atendido y/o resuelto, aquí lo que más importa es la capacidad de parte del Ejecutivo de que atiende a la ciudadanía en general.Finalmente, un buen ejercicio para concentrar la atención de la gente y para retomar esa mística que parece estar escaseando hoy día puede ser dejar de seguir apelando a esa comparación del antes y el después, vistas las cosas a diez años de distancia ya no conviene seguir refocilizando la política porque además hay un conglomerado significativo de nuevos electores que entraron a la vida política conociendo una forma de democracia de mayoría que se entrega al pragmatismo por encima de los textos de la antigua editorial Progreso.*es politólogo


