Centro de salud intercultural
Los jóvenes médicos se parecen a los nuevos agrónomos que venden paquetes tecnológicos de transgénicos, pues promocionan, sin análisis ni conciencia, las vacunas y medicamentos de las cuestionadas grandes marcas transnacionales. Esto es una introducción sin respeto para las...
Los jóvenes médicos se parecen a los nuevos agrónomos que venden paquetes tecnológicos de transgénicos, pues promocionan, sin análisis ni conciencia, las vacunas y medicamentos de las cuestionadas grandes marcas transnacionales. Esto es una introducción sin respeto para las particularidades de los sistemas de salud nuestras culturas y su medio. La mayoría de los medicamentos no tienen certificación en nuestro país, pues no existe un laboratorio de validación nacional.
En resumen, esos noveles médicos olvidan que son parte de un nuevo modelo de salud y no más extensiones de las cadenas de farmacia, pero a eso se suma el no cumplimiento de nuevos procedimientos, ni interiorización del vivir bien y la mala atención en los centros de salud públicos. Funcionarios que trabajan con desgano y en base a la amenaza a los pacientes, el prejuicio de culpabilidad de las futuras madres y actitudes comerciales y excluyentes.
Al contrario, las parteras o médicos tradicionales, depositarios de saber milenario de la salud, trabajan por la vida, por la energía - vitalidad en el alma y el cuerpo, no reciben el reconocimiento ni la infraestructura para realizar sus labores y menos una actualización o incentivos para profundizar sus conocimientos anualmente. Algún lapsus debe suceder en algunos decisores políticos o auspiciantes que dan más respaldo al futbol y la música que a la socialización de la medicina tradicional.
El apoyo a la medicina tradicional en las comunidades se ha hecho más por apoyo de otros países y transnacionales de la salud, pero en gran parte para sus fines comerciales y apropiación de la sabiduría milenaria de las culturas bolivianas, como ha sido el caso del ungüento de los kallawayas, llamado mentolatum, la quinina y otros.
Actualmente, cuando un médico tradicional uru, aymara, guaraní u otro ofrece grasa de flamenco o lagartos con hierbas es perseguido porque en los últimos decenios las transnacionales de la salud, con su visión monopólica, han logrado que se implementen leyes a su favor y en contra de la medicina tradicional y las plantas medicinales. Así, cínicamente, esas empresas farmacéuticas recogen el conocimiento milenario, luego le cambian de nombre a ese producto y reciben todos los honores y las ganancias. Hace unos pocos años investigadores de una universidad belga patentaron un subproducto de la llama por sus propiedades antioxidantes. En nuestro caso el catálogo de las plantas medicinales hecho por la UMSA con los recursos de IDH es algo destacable, pero también se necesita patentes que reconozcan los derechos intelectuales de nuestras culturas.
De otro lado, los lobbistas y comercializadores de medicamentos extranjeros entran en los consultorios de hospitales públicos como jefes de unidad que no necesitan permisos ni colas a costa de dejar esperar a los humildes pacientes. Esa situación no corresponde y es una complicidad corrupta.
¿Cuántos centros de medicina tradicional o intercultural existen en el país? Pocos: en Rumicampana, Oruro; en Punata, Cochabamba, en Potosí y en Sucre, todos con muchas limitaciones, pero sucede lo contrario en el sistema de salud nacional. Los nuevos centros que se inauguran son reproducción de un sistema de salud monocultural, deshumanizado y burocratizado.
En ese sentido, es necesario debatir ampliamente el concepto de medicina tradicional, intercultural o pluricultural y la descolonización del sistema de salud. Así otro sistema de salud será posible y un Centro Intercultural de Medicina o Casa de Parto también será posible con el reconocimiento de los saberes y tecnologías desarrollados por las distintas culturas del mundo, así como el yoga prenatal de la India, la acupuntura china, la música y danza de los Andes para recuperar la vitalidad, la herbolaria de nuestros pisos ecológicos, etc.
Entonces, un Centro de Salud Intercultural o Casa de Parto a favor de las familias bolivianas contaría con: una sala de yoga, piscinas de hidroterapia, sala masajes y acupuntura, una biblioteca, una sala de cursos, un jardín de plantas medicinales, también una sala quirúrgica. Sería un Centro de parto humanizado, una escuela de padres, una comunidad de la vida. Esto es recuperar la salud de la burocracia y comercialización de la enfermedad y desesperación.
*es master en innovación UASB


