El camino hacia el mar

La presentación de esta demanda se dio después de más de tres años de arduo trabajo, que comenzara varios meses antes del anuncio oficial expresado por el presidente Evo Morales el 23 de marzo de 2011. Durante todo este tiempo Bolivia trabajó discreta y responsablemente, identificando las...

La presentación de esta demanda se dio después de más de tres años de arduo trabajo, que comenzara varios meses antes del anuncio oficial expresado por el presidente Evo Morales el 23 de marzo de 2011. Durante todo este tiempo Bolivia trabajó discreta y responsablemente, identificando las grandes instituciones del derecho internacional en las cuales descansa  la solidez de nuestra demanda.Bolivia, analizando detalladamente cada uno de los actos unilaterales, los acuerdos alcanzados y las múltiples “prácticas diplomáticas” que durante más de 100 años reconocieron el derecho boliviano de obtener un acceso soberano sobre el Litoral Pacífico, frente a la obligación chilena de negociar efectivamente las condiciones de este acceso, concluyó que al tener un derecho y no una aspiración debía ejercer este derecho nada menos que ante el más alto tribunal creado por la humanidad para la solución de controversias jurídicas de manera pacífica, y así lo hizo con éxito.Con los antecedentes expuestos y partiendo de la premisa de que el derecho es una ciencia, hoy podemos afirmar que nuestra demanda es una acción científica en lo jurídico y más allá de ello es una demanda fuertemente respaldada por la historia, la justicia y, sobre todo, la verdad, esta, sin duda, es la característica más importante de una demanda vencedora, que se ha convertido en la obra jurídica más importante que ha realizado Bolivia en toda su historia reciente.Fue el presidente Evo Morales quien, gracias a la estabilidad política, económica y social que vive Bolivia, detectó las clásicas estratagemas dilatorias de la diplomacia chilena, tomó la resolución firme de encauzar el cumplimiento de las promesas pendientes de Chile por la vía judicial ante la CIJ y terminó con el mito  de que la diplomacia chilena era la “mejor preparada de América latina” y que su “larga tradición jurídica internacional” debía ser “temida” por Bolivia. Al principio la camada conservadora de expertos y diplomáticos promotores del “statu quo” se convirtió en profeta de la fatalidad, señalando que esa demanda “no era posible”, que era un gran “retroceso a los avances diplomáticos”, y que se hallaba “condenada al fracaso”. Posteriormente, el fallo del 24 de septiembre de 2015 fue la piedra de toque que ensayó el temple de nuestra sólida demanda, mostrando al mundo que Bolivia estaba en el camino correcto. Como era de esperarse,  la conversión no se hizo esperar y afortunadamente hoy, incluso los agoreros del fracaso se han sumado a este histórico proyecto nacional. A tres años de esta importante decisión podemos decir que el pueblo boliviano ha vuelto a creer en sí mismo, ha vuelto a actuar con dignidad y ha dejado de temer a la “razón de la conquista”, y comprender lo que el gran maestro Von Ihering alguna vez señaló: “Un Pueblo que no lucha por su derecho, no merece tenerlo”.  Aquel 24 de abril de 2013 es, sin duda, una fecha que quedará marcada en la memoria positiva de todos los bolivianos y bolivianas, y deberá ser recordada como una declaración de esperanza del pueblo boliviano. Sin duda, nuestro caminar hacia al mar en estos últimos 137 años ha sido arduo y sacrificado;  no obstante, nuestros recientes pasos ante la CIJ han abierto una senda iluminada por la justicia, la razón y el derecho que, más pronto que tarde, nos acercará  a los umbrales de nuestro inevitable destino: volver al mar con soberanía.*es Procurador general del Estado.


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