El abismo del consumo

Dada la evidencia contundente que se ha presentado desde África hasta Europa en las últimas décadas, el objeto de la política macroeconómica no ha sido estabilizar la macroeconomía, sino concentrar el ingreso. Esta afirmación de Óscar Ugarteche en su último libro (La gran mutación)...

Dada la evidencia contundente que se ha presentado desde África hasta Europa en las últimas décadas, el objeto de la política macroeconómica no ha sido estabilizar la macroeconomía, sino concentrar el ingreso. Esta afirmación de Óscar Ugarteche en su último libro (La gran mutación) explica, en todos los sentidos de la palabra, cómo el capital financiero canibaliza la democracia hasta dejarla exhausta.Todos los datos así lo confirman. Hoy, el 1% de la población mundial posee el mismo capital que el 99% restante del mundo. Claro que la posesión es apenas un dato secundario. El más importante es cómo ese 1% gestiona la conservación y la sostenibilidad de su angurria. No conserva sólo la parte institucional del poder -los bancos-, sino opera en las conciencias, logra que el proceso de sujeción del ciudadano invada su sentido común y lo transforme en consumidor.A casi ocho años de la crisis  financiera y en medio de un estancamiento global, el mundo sigue dominado por 28 grandes bancos internacionales, en su mayoría norteamericanos. François Morin (La hidra mundial, el oligopolio bancario), dice que “los Estados son a la vez rehenes de la hidra bancaria y están disciplinados por ésta. La crisis de 2007-2008 prueba este poder”. De los 28 bancos hay ocho norteamericanos (J. P. Morgan Chase,  Bank of America, Citigroup,  Morgan Stanley,  Goldman Sachs,  Bank of New York Mekon,  State Street y  Wells Fargo), cuatro franceses (Groupe Crédit Agricole,  BNP Paribas,  Société Générale y  BPCE), tres japoneses (Mitsubishi Ufjfg,  Mizuho FG y Sumitomo Mitsui FG), dos chinos (HSBC y  Bank of China), dos ingleses (Barclays PLC y  Standart Chartered), dos españoles (Santander y  BBVA), dos suizos (UBS y  Crédit Suisse), un alemán (Deutsches Bank), un escocés (Royal Bank of Scotland), un holandés (ING Bank), un italiano (Unicrédit Group) y un sueco (Nordea).Según datos de Morin y Ugarteche, estos bancos detentan recursos superiores a los de la deuda pública de 200 Estados del planeta. Mientras que estas entidades tienen activos por 50.341 billones de dólares, la deuda pública mundial asciende a 48.957 billones de dólares. Hay cientos de miles de bancos en todo el mundo, pero estas 28 entidades concentran el 90% de los activos financieros. Hoy el 90% de la moneda es creada por estos 28 bancos: sólo el 10% es responsabilidad de los bancos centrales. El paso del dinero físico al dinero crediticio ha transformado la ecuación: la gestión del capital financiero ya no depende de los Estados y el interés público que tendrían que preservar, sino de esos pocos bancos privados.Más grave aún, como se ha demostrado que cuando menos 11 de ellos manipulan la tasa de interés de los préstamos interbancarios y que la mitad de los 28 bancos producen derivados por 710 mil  millones de dólares, es decir, el equivalente a 10 veces el PIB mundial, tienen el control del mercado hoy y a futuro.Foucault, en ese extraordinario ensayo (¿Qué es la ilustración?) redefinió la libertad de conciencia del ciudadano: el derecho a pensar como se quiera con tal que se obedezca como se debe.  Hoy, desde la perspectiva de la concentración financiera del poder, podría nuevamente reducirse la experiencia de ese ya tan limitado derecho: se puede consumir como se quiera con tal de que se pague como se debe.*es ensayista


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