Un toque de distinción
Los periódicos le han dado un adiós merecido, con sendas notas en las que la han llamado “La reina de la alpaca”, un bello título que lo tiene muy bien merecido. También han dicho que era una exitosa empresaria y ahí posiblemente han desviado la puntería, porque Beatriz fue una...
Los periódicos le han dado un adiós merecido, con sendas notas en las que la han llamado “La reina de la alpaca”, un bello título que lo tiene muy bien merecido. También han dicho que era una exitosa empresaria y ahí posiblemente han desviado la puntería, porque Beatriz fue una empresaria, pero no fue exitosa y eso, en su caso, es un piropo. Beatriz se consideraba a sí misma como una artista y lo era. Además, era un alma bella con enormes dificultades pragmáticas. Ella hubiera preferido poder dedicarse a lo suyo, que era crear, y tuvo que hacer empresa muy a su pesar. Y ahí está su gran mérito, porque mantuvo una empresa contra viento y marea, en un país donde eso no es nada fácil, a lo largo de más de dos décadas, siendo fiel a sí misma, por eso, precisamente, no pudo convertirse en una empresaria financieramente exitosa. Beatriz fue un ícono de una época debido a que se convirtió en el referente del buen vestir paceño durante un largo período. Por una vez, los paceños pudieron lucir abrigos y trajes que eran de la más alta calidad y que los bolsillos de una burguesía provinciana podían pagar. Parece poca cosa, pero no estamos hablando sólo de trajes y abrigos, sino de hacer algo perfecto, de tener un producto boliviano del que uno se puede sentir orgulloso. En un país donde hacer las cosas bien ha dejado de ser una prioridad, desde que se terminó de esculpir la famosa Puerta del Sol de Tiwanacu, no es poca cosa. Beatriz, su boutique y su atelier eran -repito- un referente, una tarjeta de presentación para La Paz. Hubo un tiempo en que no existía un visitante ilustre que no fuera llevado hacia ella, precisamente porque se podía presumir. Internacionalmente, Beatriz logró imponer su marca, que sus prendas se vendieran como las prendas de Beatriz Canedo Patiño de Bolivia, y eso es un gran logro en el mundo de la alta moda. No llegó a imponerse en ese mundo, pero obtuvo un respetable sitio. No se rindió a la fácil maquila, su meta fue siempre vender un producto completamente suyo. Vistió a casi todas las personalidades de la vida social paceña y les dio un toque de distinción. Vistió a presidentes y a Lydia, la expresidenta, que fungió en ese pequeño mundo de una especie de Reina Madre. Cuando todo se derrumbó y los nuevos tiempos llegaron a Bolivia, fue convocada para hacer el traje que usaría Evo Morales el día en que se convertiría en Presidente de la agonizante República de Bolivia.Beatriz me contó -y no como secreto- que fue García Linera, el exguerrillero acusado de terrorismo, el que se acercó a ella para pedirle hacer el traje para Evo. Las condiciones eran las siguientes: debía tener algún detalle autóctono y debía poder ser usado sin corbata. Beatriz cumplió con su parte, el traje estuvo oportunamente listo y le quedaba al Primer Mandatario como pintado. Así se inauguró un nuevo periodo histórico en el país, el primer presidente campesino boliviano, reivindicador de lo proletario y sindical, era también el primer presidente que se había hecho diseñar un traje exclusivo, especialmente pensado en él para la ocasión. No había sucedido antes con los llamados oligarcas. Las contradicciones no han parado hasta el día de hoy, pero esa es otra historia y son otros personajes.Beatriz deja un gran vacío. Se fue una elegante y bella mujer que con su talento y su gracia le dio a La Paz un toque de distinción.*es operador de turismo.


