Periodistos, poetos, policíos y otros
Sin ánimo de banalizar el debate sobre el lenguaje no sexista o con enfoque de género, quiero plantear algunas inquietudes que rondan en mi cabeza desde hace algún tiempo.Hace apenas unos años, los masculinos oídos de hombres y mujeres se escandalizaban al escuchar decir presidenta en lugar...
Sin ánimo de banalizar el debate sobre el lenguaje no sexista o con enfoque de género, quiero plantear algunas inquietudes que rondan en mi cabeza desde hace algún tiempo.Hace apenas unos años, los masculinos oídos de hombres y mujeres se escandalizaban al escuchar decir presidenta en lugar de presidente, o jueza en lugar de juez. Poco a poco, nos hemos ido acostumbrando y ahora suena anacrónico decir la presidente o la juez.Los avances en el lenguaje no sexista han ido a la par de los cambios políticos y económicos que, poco a poco, han sacado a las mujeres de las cocinas y las han llevado hasta los podios más altos de la actividad pública.Sin embargo, en el intento de visibilizar a las mujeres en el lenguaje, percibo algunos excesos. Por ejemplo, decir fiscala en vez de la fiscal, me parece una innecesaria deformación del lenguaje porque fiscal es una palabra que bien puede aplicarse a hombres y a mujeres porque no termina ni en O ni en A.Entonces, ustedes me dirán que juez y presidente también tienen esa característica y que, en mi lógica, tendríamos que volver al pasado para decir la presidente y la juez. No, para nada. Ningún retroceso es bueno y lo avanzado hasta aquí debería preservarse.Sin embargo, creo inútil continuar con la feminización de las palabras neutras porque, poco a poco, estaríamos ante la necesidad de llamar chofera a la mujer que conduce un auto, o delincuenta a la mujer que comete un delito. O, ¿acaso la feminización del lenguaje sólo se aplica para cosas positivas?En cambio, es pertinente cambiar aquellas palabras que terminan en O y que denotan una actividad netamente masculina, como abogado/a, médico/a, ingeniero/a y otras tantas. O, la inversa, cambiar por la O aquellas palabras que terminan en A siendo profesiones atribuibles a hombres. En estos casos, los oídos tendrían que acostumbrarse a la existencia de políticas, amos de casa, azafatos y otros.Pero, como nada debe escribirse sobre piedra, tampoco debería ser ésta una regla sin excepciones porque hay palabras que definitivamente suenan mal a la hora de pronunciarlas, como miembra, testiga o actora (entendida no como actriz, sino como protagonista de un proceso). Ahora, no está demás indicar que la Real Academia de la Lengua (RAE) reconoce adjetivos femeninos y masculinos y la forma de convertir a éstos en femeninos, sin embargo, también es cierto que las normas de la esta institución van cambiando, aunque sea a un ritmo más lento que la sociedad.En todo caso, la igualdad se construye en la casa, en la escuela, en la calle y, con la ayuda del lenguaje. Pero, soy una convencida de que las acciones diarias cambian más que una A al finalizar cada palabra. Ese es mi caso. Prefiero la lucha diaria antes que una A en mi discurso.A propósito de la RAE, en 2012, un informe del académico Ignacio del Bosque sacó ronchas entre los colectivos que defienden los derechos de las mujeres porque dijo que de seguir las guías de estilo no sexistas, definitivamente, ya no se podría hablar. Esas guías, decía, recomiendan usar frases como la niñez en vez de los niños, el profesorado, en vez de los profesores y así sucesivamente. Además, el informe criticaba el desdoblamiento de las y los en cada frase.Ya se ha hecho común que políticos y otros oradores inicien sus discursos con ciudadanos y ciudadanas, bolivianos y bolivianas, compañeras y compañeros; sin embargo, la gran mayoría olvida el desdoblamiento en el resto del discurso y solo lo hace en el inicio para aparentar corrección política. Y, lo que es peor, inician el discurso con las y los, pero en la vida diaria continúan actuando con cerebro masculino.En esta lucha por la igualdad, ya hay hombres que se sienten discriminados por el protagonismo femenino. Incluso, hay quienes reclaman que las cuotas les han relegado de cargos importantes en diversos espacios públicos.Por eso, no sería descabellado pensar que ellos también inicien una cruzada por conseguir igualdad de condiciones y la masculinización de las palabras. En ese caso, nuestros oídos femeninos tendrían que acostumbrarse a escuchar que existen astronautos, policíos y poetos.*es periodista


