El clima enloquece, ¿hay esperanza?
Al progresivo deshiele de los nevados en las cordilleras se sumó este año el coincidente secado de lagos y lagunas emblemáticos en todo el país. Ahí suman desde el lago Poopó (el segundo más grande del país, también víctima de la minería), las lagunas del Salar de Uyuni y nada menos...
Al progresivo deshiele de los nevados en las cordilleras se sumó este año el coincidente secado de lagos y lagunas emblemáticos en todo el país. Ahí suman desde el lago Poopó (el segundo más grande del país, también víctima de la minería), las lagunas del Salar de Uyuni y nada menos que Tajzara. Tampoco dejaron de llamar la atención los excesivos “sures” fuera de temporada o feroces tormentas sorpresivas y los cambios bruscos de clima en el oriente y los valles. “El clima está raro”, es la frase recurrente. Desde el exterior llegan noticias como la primera nevada en 85 años que se produce nada menos que en Arabia Saudita o el primer huracán que surge fuera de temporada en las costas del Atlántico. También llegan alertas sobre estragos extraordinarios causados por el fenómeno del Niño, en el propio marco de sus conocidos efectos, Recorriendo el continente las cosas no se muestran menos sorpresivas. En el cálido Paraguay llamaron la atención días de fríos extremos que llegaron incluso a fines de agosto. Son fenómenos que van causando cientos de muertos y multimillonarios destrozos. Pareciera que semejantes problemas con el clima hubiesen coincidido para responder al informe internacional presentado el 27 de septiembre por el Panel Intergubernamental de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (IPCC). Se trata del último informe sobre el calentamiento global. Allí los científicos advierten que el planeta se acerca al punto de no retorno, ya advertido desde 2008. Según el IPCC, a partir de ese momento de quiebre ambiental será imposible prevenir los peores efectos del cambio climático. La acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera aumenta de manera progresiva desde hace décadas. Sus efectos se perciben de manera gradual. Las sociedades de las diversas latitudes se han ido adaptando paulatinamente. Pero, según advierten los expertos, ese incremento en cualquier momento producirá cambios insostenibles y cualitativos en el ambiente. Entonces, será demasiado tarde para pensar en soluciones. Se desatará algo así como un efecto dominó donde todas las cadenas que relacionan a los elementos y especies sufrirán dolorosas rupturas. Entre 1880 y 2012, el aumento estimado de la temperatura planetaria llegó 0,85 grados Celsius. El IPCC prevé que suba hasta finales de siglo al menos a 1,5 grados con respecto a la era preindustrial. Sin embargo, también ven posibles escenarios más críticos en los que elevan el aumento a 4,8 grados. De llegarse a ese nivel de calentamiento, el sistema climático sobrepasaría todo límite admisible. Se desataría un colapso generalizado marcado por los siguientes desastres: destrucción de ciudades costeras, multiplicación de plagas por varios miles por ciento, sequías, inundaciones, incendios forestales y la extinción de glaciares. También sería incontenible la degradación del 75 por ciento de la selva amazónica. Todo ello conllevaría la desaparición de millares de especies vegetales y animales. Obviamente las consecuencias para la sociedad humana se traducirían en severos problemas alimentarios y multiplicación de pandemias. ¿Qué corresponde hacer? Los autores del informe recomendaron comenzar urgentemente la construcción de un sistema que emplee energías renovables. Igualmente llaman a proteger de inmediato los bosques, océanos y recursos hídricos de los que depende básicamente la economía. Y buena parte de esas recomendaciones fueron aceptadas y amplificadas en el acuerdo mundial firmado en París para enfrentar el cambio climático. Lo doloroso radica en que se advierte una escasa voluntad de frenar este proceso catastrófico entre las sociedades y Gobiernos más fuertes del planeta. Se sabe, igualmente, que la paulatina llegada de catástrofes castigará normalmente mucho más a quienes se hallan al otro lado. Es decir, las sociedades más pobres y carentes de medios de adaptación serán siempre las más afectadas. Semejantes conductas hasta darían a pensar en una especie de segregación o extinción planificada.


