Otro potencial tarijeño en riesgo

¿Cuánto se ha promocionado Tarija como destino turístico para las fiestas de Carnaval? Más allá de algunos loables esfuerzos de temporada de los responsables ediles o departamentales, nada en comparación a la dinámica de otras regiones. Es una oportunidad desperdiciada recurrentemente cada...

¿Cuánto se ha promocionado Tarija como destino turístico para las fiestas de Carnaval? Más allá de algunos loables esfuerzos de temporada de los responsables ediles o departamentales, nada en comparación a la dinámica de otras regiones. Es una oportunidad desperdiciada recurrentemente cada año y que ojalá sea superada en 2017.Lejos de cualquier presunción, sabemos que Tarija tiene, todavía, un gran potencial turístico por la suma de diversos factores: clima, paisaje, tradiciones culturales, gastronomía, idiosincrasia social, entre otros. El grueso de los visitantes llega a esta tierra gracias a los comentarios de gente que los ha antecedido y comentado esas cualidades.“En Tarija el clima es agradable, hay lugares preciosos para visitar y la gente es amable y alegre”, suele ser el comentario común afuera. Digamos, la única campaña de promoción turística, la que llega por gravedad. Por lo demás, lejos quedan las reiteradas expresiones de autoridades o empresarios a la hora de remarcar el potencial del turismo. No se lo valora como política o, por lo menos, proyecto económico con efectos multiplicadores en lo social y político.Por el contrario, el “valle florido” pierde cada vez más áreas y se vuelve en valle encementado. El otrora poéticamente inspirador Guadalquivir se va volviendo en materia de tesis sobre contaminación. Los paseos del entorno carecen de elementales instrumentos de señalización y se muestran descuidados y sucios. Y las fiestas y celebraciones tradicionales no salen de moldes organizativos que datan de hace décadas.En suma, ni siquiera el estado de cosas se mantiene, sino que es amenazado por su deterioro así como por competencia nacional y extranjera. Salta, Santa Cruz, Sucre, Arica, Oruro, La Paz, etc. han dado saltos notables en su afán de atraer visitantes. Guías turísticas, spots publicitarios, noticias que se reproducen abundantemente a nivel nacional dan clara prueba de ello.  En esas urbes los festivales culturales, grandes o pequeños, son una constante en el calendario. La gastronomía regional cobra identidad y consumo masivo organizado. La infraestructura urbana fue adosada de singulares obras de impacto orientadas también a los ojos y exigencias de turistas de diversa naturaleza.Y frente a esos emprendimientos volvemos a preguntarnos: ¿acaso las aún latentes potencialidades turísticas de Tarija no pueden ser articuladas a favor de propios y ajenos? ¿Hasta cuándo, por ejemplo, el extraordinario valor de Tomatitas no adquirirá la condición de un parque urbano de exportación? ¿Hasta cuándo no se asumirá la preservación de áreas como Coimata o los chorros de Jurina con un valor similar? ¿Hasta cuándo San Jacinto seguirá siendo víctima de la dejadez y la postergación?¿Cuándo se proyectarán, por ejemplo, ciclovías y circuitos propios de tiempos en los que la bicicleta se ha vuelto parte de los encantos anti estrés? ¿Cuándo se aprovecharán las agradables noches chapacas, sus plazas y miradores, para conciertos abiertos de música y danza? ¿Cuándo las rutas del vino adquirirán un carácter institucional? ¿Cuándo se valorizará el potencial paleontológico y que languidece en un miserable museo y sufre agresiones día a día? ¿Cuándo se dará real valor al Observatorio Astronómico y el planetario de Santa Ana?¿Cuándo esos y muchos otros atractivos serán parte de un todo organizado y fruto de una vasta inversión?Que estas reflexiones no se tomen como una crítica a nadie. Es básicamente el recuerdo de una postergada necesidad que a medida que transcurra el tiempo resultará más difícil de cristalizar. Si la oferta de otros lugares mejora año tras año, no será extraño que muchos ya no vengan ni siquiera en Carnaval.


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