¿Servicio a la Patria o a las funerarias?
La actual condición de nuestras Fuerzas Armadas da mucho qué pensar. Constituyen un caso sui generis donde sin estar inmersas en una confrontación bélica de manera regular cobran muertos. Un último reporte señala que un militar boliviano muere casi cada mes, cada 35 días aproximadamente,...
La actual condición de nuestras Fuerzas Armadas da mucho qué pensar. Constituyen un caso sui generis donde sin estar inmersas en una confrontación bélica de manera regular cobran muertos. Un último reporte señala que un militar boliviano muere casi cada mes, cada 35 días aproximadamente, para ser más exactos. Según el Defensor del Pueblo, Rolando Villena, al menos 30 militares entre conscriptos y oficiales en carrera han muerto en los últimos tres años.Villena ratificó que estos hechos parecen no importarle al Estado y a las Fuerzas Armadas. Precisó que los últimos casos de dos conscriptos que murieron se podían evitar porque no tuvieron auxilio oportuno, no tienen las condiciones en los entrenamientos. Lamentó que la Defensoría ya había recomendado para que las unidades militares y en los cuarteles cuenten con botiquines, ambulancias para la atención inmediata. Destacó que existen altos jefes militares que tienen una “actitud sensible”, pero que lamentablemente no son la mayoría.Golpeados inmisericordemente (como en el caso Poma Guanto), ahogados en ríos caudalosos o lagos, víctimas de disparos, enfermedades tropicales, etc., así mueren nuestros militares. Lo peor del caso es que prácticamente no hay procesos ni siquiera explicaciones. ¿Tantas bajas? ¿Serán tan malos o incompetentes los instructores?Así lo remarcó el propio Defensor. “Aproximadamente (30 militares) es una cifra muy alta - Comentó Villena a la red Erbol-. Hemos insistido desde el 2013 que tuviéramos acceso a través del Ministerio de Defensa a una reunión con el Alto Mando Militar. No era nuestro deseo ponerle en el banquillo, porque no somos jueces, pero sí conversar con ellos”. Acotó que las Fuerzas Armadas no cambiaron el enfoque de formación militar y que continúan con una visión colonizadora.Y, sin duda, esta última conclusión de Villena resulta fácil de comprobar al ver cualquier desfile militar. La clásica segregación clasista y hasta racial sigue vigente en las Fuerzas Armadas en todos sus estamentos. Clases pudientes de sesgo blancoide constituyen la oficialidad, clases media baja de sesgo mestizo son suboficiales, y clases bajas de sesgo indígena son tropa. Y estos últimos, los más pobres, los más humiles y más maltratados, aportan con el grueso de los muertos. ¿Qué ha cambiado en las Fuerzas Armadas en relación a las décadas pasadas? Nada. ¿Qué ha cambiado en las Fuerzas Armadas en relación al siglo pasado? Casi nada. Eso sólo pensando en positivo y en relación a su estructura y sistema de formación. Ya otros temas, que saben a barcazas chinas, a “pérdidas” de armamento, a administración de transportes aéreos, dan para otras grandes y polémicas reflexiones.Pero no hay nada más valioso que una vida, y que 30 vidas se hayan perdido sin que se sepa de culpables indigna. Saber que 30 jóvenes bolivianos murieron y que los altos mandos se nieguen siquiera a conversar con el Defensor del Pueblo sobrecoge.Pero desde hace décadas, desde tiempos de las dictaduras, la impunidad es lo “tradicional” en este medio. Y este tipo de reclamos, y otros aún más fuertes caen en saco roto.Seguramente en estos días volverán a salir los llamados a “servir a la Patria”. Esperemos que en esta gestión, la sana oficialidad, los jefes militares más sensatos y honorables logren que ese llamado sea verdaderamente honrado. Porque aquellos que tuvieron la incompetencia de acumular la pérdida de 30 vidas sólo han hecho un servicio a las funerarias.Una pena. ¿Cómo se puede calificar a una institución militar que en épocas de paz se va causando sucesivamente bajas a sí misma?


