Sin Chávez y sin Bolívar
Venezuela vivió este 5 de enero un cambio histórico en el control de la unicameral Asamblea Nacional que después de 16 años de dominio absoluto e ininterrumpido del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) pasó al control de una variopinta oposición aglutinada en la denominada Mesa de...
Venezuela vivió este 5 de enero un cambio histórico en el control de la unicameral Asamblea Nacional que después de 16 años de dominio absoluto e ininterrumpido del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) pasó al control de una variopinta oposición aglutinada en la denominada Mesa de Unidad Democrática (MUD).Y la primera medida asumida por la nueva mayoría congresal fue quitar del hemiciclo parlamentario las imágenes del libertador Simón Bolívar y del fallecido líder de la revolución bolivariana, Hugo Chávez, una medida que, en su simbolismo, confirma la ruptura frontal con el oficialismo y el inicio de una tortuosa relación política que incluso podría desestabilizar la democracia venezolana.En un ambiente político enrarecido, tomó posesión de su cargo el nuevo presidente de la Asamblea Nacional venezolana, el diputado opositor Henry Ramos Allup, quien colocó en la agenda la Ley de Amnistía destinada a liberar a dirigentes políticos opositores que están presos. Sin duda alguna, el tratamiento de este proyecto de ley será la primera batalla legislativa que enfrentará a un chavismo disminuido con una oposición políticamente fortalecida.Las elecciones legislativas del 6 de diciembre pasado dejaron a la oposición al gobierno con una mayoría calificada de 112 escaños y al oficialismo con 55. Sin embargo, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) suspendió temporalmente la asunción de cuatro diputados del estado Amazonas (tres opositores y un chavista) tras denuncias de un supuesto fraude electoral que el oficialismo indilga a la oposición. Debido a esa suspensión, la bancada oficialista estaría conformada por 54 legisladores y la opositora por 109 parlamentarios; lo que imposibilita que la MUD reúna dos tercios de votos necesarios para la reforma de la Constitución o la designación de los miembros de los poderes Judicial y Electoral.Empero, con dos quintos del voto congresal, la oposición está facultada a tomar algunas decisiones totalmente independientes como la designación del presidente y demás cargos en el Parlamento o dar voto de censura a ministros o al vicepresidente, lo que implica su destitución.Pero para otras, requeriría de la anuencia de los otros poderes públicos. Por ejemplo, necesita la aprobación previa del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) para destituir al fiscal y al contralor, autorizar el enjuiciamiento del Presidente de la República o declararlo incapaz mentalmente para gobernar o destituir a los miembros del CNE.No obstante, con su victoria de diciembre, la oposición venezolana pretende el fin del actual gobierno. Ramos Allup, el nuevo presidente de la Asamblea Nacional, confirmó que la oposición buscará la destitución de Nicolás Maduro, elegido en 2013 para un período de seis años que vence en 2019.Ramos Allup, un político ultraconservador, dijo que en seis meses se decidirá la “salida constitucional, democrática, pacífica y electoral para la cesación de este gobierno” lo que, junto a una Ley de Amnistía a favor de “presos políticos”, serían “compromisos no transables”.Las opciones para ello son el referendo revocatorio del mandato presidencial, cuando Maduro cumpla en julio la mitad de su gestión; la enmienda constitucional, la renuncia voluntaria del gobernante o el establecimiento de una Asamblea Constituyente.Como primer paso para la destitución de Maduro la oposición deberá aprobar la Ley de Amnistía, la que el presidente no podría bloquearla, aunque sí impugnarla ante la Sala Constitucional, una instancia del TSJ.Y cuando reciba la ley, Maduro tendrá diez días para vetarla o aprobarla, pero en cualquier caso la Asamblea Nacional puede promulgarla. Y aun cuando el mandatario socialista la impugne, al ser un “acto político”, el TSJ sólo podría controlar que no se viole la prohibición de perdonar delitos de lesa humanidad. Sea como fuere, en el marco de una profunda crisis económica y el control opositor de la Asamblea Nacional, el proceso bolivariano deberá transitar en este 2016 por un camino lleno de dificultades y conspiraciones legislativas. Es que el hecho de que la oposición haya retirado las imágenes de Bolívar y Chávez del hemiciclo legislativo, no es precisamente una señal de convivencia política de respeto en el marco de la democracia venezolana.


