¿Qué pasó y qué puede pasar con la economía boliviana?

Algo que me queda claro, al concluir este 2015, es que la economía boliviana ha vivido uno de los mayores auges económicos de su historia. Se inició en 2003 y duró más de una década. Sin la menor duda, tuvo como causa fundamental los precios de las materias primas en el mercado...

Algo que me queda claro, al concluir este 2015, es que la economía boliviana ha vivido uno de los mayores auges económicos de su historia. Se inició en 2003 y duró más de una década. Sin la menor duda, tuvo como causa fundamental los precios de las materias primas en el mercado internacional, ante lo cual a los bolivianos -mientras  permanezca la testaruda producción de materias primas- sólo les queda prepararse para cuando los precios vuelvan a subir.A partir de esos afortunados precios, Bolivia goza de estabilidad económica, cuyos soportes esenciales son, consecuentemente, las elevadas reservas internacionales que posee y el uso generalizado de la moneda nacional (bolivianización). Esta combinación ha dado como resultado un tipo de cambio fijo que, por la ventura referida, goza de un colchón (no una armadura, menos un blindaje) y una mecedora económica que durará cuanto duré el colchón.Otro aspecto que veo más claro que nunca es que los economistas de este país (por cierto me incluyo) aún no hemos  comprendido qué ha ocurrido en los últimos 20 años en la sociedad y la economía boliviana.Por las razones que sean (sesgos ideológicos, estrechez de pensamiento, militancia partidista o simple inercia académica o, finalmente, flojera mental) no llegamos a ver qué hizo posible alejarnos de algunos patrones que tradicionalmente caracterizaron a América Latina. Durante el renacimiento de la economía privada y la acometida de las transnacionales, generalmente referido con el desacertado apelativo de neoliberalismo, Bolivia creció más que América Latina. Mantuvo una tasa de inversión extranjera elevada respecto al PIB y logró construir la infraestructura que, en el periodo siguiente, permitió la explotación y exportación de la, hoy por hoy, más importante materia prima que se posee en este territorio: el gas.  Luego vino el ciclo del disfrute de esa exportación que, por los azares propios del mercado, hizo que los precios subieran y le concedieron a este país la dicha de saborear la prosperidad. Nacionalizados o recontratados, los hidrocarburos -ante todo los precios que comandaron por un prolongado periodo- permitieron que los caudales de dólares fluyeran en esta economía. Así, los dólares se volvieron bolivianos y se expandieron al interior de la economía. Los albañiles vieron subir sus jornales porque la minería se convirtió en un gran competidor de su fuerza de trabajo. Los jubilados del antiguo sistema de pensiones mejoraron sus jubilaciones por el sistema inversamente proporcional, que se adoptó ya en la etapa del Banzer constitucional. Las ciudades crecieron y empujaron los precios de los terrenos de las periferias, haciendo que la pequeña riqueza inmobiliaria se convierta en sustancial ingreso monetario. A esto se puede sumar los bonos o transferencias directas (Juancito Pinto, Juana Azurduy y Renta Dignidad),  que frente a las anteriores traslaciones referidas se quedan cortas como formas de transferencia de ingresos. Lo importante es que la pobreza se redujo, la desnutrición disminuyó, la esperanza de vida aumentó y, por supuesto, el ingreso per cápita creció. No faltará alguien que apunte que el tráfico de cocaína, el contrabando y las remesas de los bolivianos en el exterior contribuyeron también a estos desplazamientos de ingreso y riqueza. Lo cual, acertado como es, no llega a constituir el grueso de los recursos que ingresaron a Bolivia por el ya repetido aumento de los precios de las materias primas.  Es innegable que en este tiempo el mercado interno se ha expandido. Esto se ve, se palpa, se saborea en la compra de celulares, en la asistencia de comensales a los restaurantes, en los centros de entretenimiento, en la compra de vehículos y departamentos.  No dudo que se pudo haber hecho mejor. Los desaciertos del Gobierno son variados y multicolores, pero quiero ver el vaso medio lleno, particularmente ahora que comienza un nuevo año y deseo que todos los bolivianos lo hagamos con optimismo. La economía está algo golpeada por lo que ocurre en los países vecinos, y más por lo que pasa en lontananza, en la China. Lo más importante, sin embargo, es que Bolivia no está camino al debacle, tiene el vigor, lo que se intentó mostrar en esta columna.  *es economista


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