Mataron a Jaime Mariscal

Estudiosos de lo humano han concluido que el dolor por la muerte de un hijo es el mayor dolor para cualquier persona. La naturaleza nos prepara para sobreentender que nuestros mayores se irán primero, pero no nuestros descendientes. Ese dolor es mayor –explican- cuando la idea de la muerte no...

Estudiosos de lo humano han concluido que el dolor por la muerte de un hijo es el mayor dolor para cualquier persona. La naturaleza nos prepara para sobreentender que nuestros mayores se irán primero, pero no nuestros descendientes. Ese dolor es mayor –explican- cuando la idea de la muerte no se resuelve en el caso de una desaparición inexplicable. No saber qué pasó con ese ser querido, pasar los días entre esperanzas que se disipan y pesadillas que se acrecientan lacera la vida. ¿Cómo respondieron las autoridades a ese dolor supremo que castigó durante dos años a Jaime Mariscal? Con la “irresponsabilidad” de las reacciones lentas, con “irresponsabilidad” de los “errores accidentales”, con la “irresponsabilidad” de las pesquisas fallidas. Indigna advertir que la palabra “irresponsabilidad” suene en este caso como la posibilidad consuelo de las explicaciones de lo que pasó.Esa “irresponsabilidad” criminal destruyó la vida de un hombre durante casi dos años. Esa “irresponsabilidad”, de corte casi sádico, debilitó y demacró a Jaime Mariscal. Y desde hace casi dos años, a más de uno nos cuesta creer que sólo se trate de una  “irresponsabilidad”.En la vida no hay crimen perfecto, ni siquiera ha sido así para delincuentes investidos de extremo poder, menos en este caso. De principio, porque cada vida tomada pesa cada día que pasa sobre la consciencia de asesinos y cómplices, por ahogada que ésta esté. Y luego, porque, tarde o temprano, todo se llega a saber y la memoria de los criminales queda execrada por siempre.¿Qué pasó con Cristian Osvaldo Mariscal Calvimontes aquella madrugada del 19 de enero? La “incompetencia”, la “ineficacia” de las autoridades (términos que a estas alturas suenan a virtudes) va vertiendo como explicación el misterio: Cristian salió de la casa de su ex novia, desapareció y nunca más se supo de él. Así de absurda la idea, una especie de declaración oficial de inutilidad.A ello se suman la contaminación de las pruebas de sangre, la polémica intervención al perito informático, las “dudas” sobre el “jeep” de Cristian, etc. Una conducta indignante para cualquier observador ajeno al drama de Cristian, pero, indudablemente, una tortura inaudita para don Jaime Mariscal.¿Qué pasó con Cristian Mariscal el 19 de enero de 2014? Es muy probable que haya muerto, la suma de indicios concatena una lógica conclusión. Pero quizás -la vida suele dar sorpresas- algo absolutamente sorpresivo, un día nos traiga otra explicación y otro resultado.El problema mayúsculo en este caso constituyen los silencios, las hipótesis disparatadas y sin fundamento y el incomprensible maltrato a don Jaime Mariscal y sus familiares. El Estado en su conjunto desamparó, no, torturó a un padre por el “delito” de exigir que se le diga dónde estaba su hijo. ¿Qué más se puede concluir? Mataron lenta e indolentemente a don Jaime, y por ese crimen reclamamos hoy.


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