Un grado más hace la diferencia

A los 99 grados centígrados de temperatura el agua  de una caldera está muy caliente pero aún falta. A los 100 grados comienza a hervir, el hervor lanza vapor y ese vapor es energía; debidamente usado puede mover buques, locomotoras, máquinas industriales, etcétera. Un grado de diferencia...

A los 99 grados centígrados de temperatura el agua  de una caldera está muy caliente pero aún falta. A los 100 grados comienza a hervir, el hervor lanza vapor y ese vapor es energía; debidamente usado puede mover buques, locomotoras, máquinas industriales, etcétera. Un grado de diferencia en calor es el que marca el camino de la excelencia. Por simple sentido metafórico este ejemplo -que no es original, ha sido divulgado ampliamente- se lo puede transportar al mundo humano en la actividad cotidiana de cada uno de nosotros como parte de comunidades organizadas y naturalmente competitivas.Si en nuestras vidas lográramos esforzarnos un grado extra, mucho de lo hecho sería diferente. Sin embargo, casi siempre optamos por la comodidad, por permanecer en nichos de confort, sin aceptar desafíos ni tomar riesgos. De esa manera la vida transcurre con seguridad, pero está lejos de ser un camino exitoso; tan sólo refleja una cómoda mediocridad.Cuando era joven, un querido tío me repetía siempre que en Bolivia éramos tan flojos que quien estudiaba unos cuantos minutos más que el resto podía destacar. Es una verdad poco comentada, el país, en general, ha optado por la comodidad y mencionar estas cosas no gusta. Es más, cuando uno protesta porque algo no funciona bien, muchos compatriotas exclaman con desagrado: ”estamos en Bolivia y así son las cosas acá, si no está de acuerdo váyase”. Insólito pero cierto:  se ha consolidado la mediocridad en la mera costumbre. A ello agreguemos políticas que vienen de décadas y que so pretexto de “igualitarismos” mantuvieron a la generalidad en una chata armonía, donde mejor era no levantar la cabeza, ni quejarse, ni ser innovador, peor aún, tener éxito, algo que generalmente acarreó envidias en lugar de reconocimientos. Últimamente veo que, poco a poco, el panorama está cambiando favorablemente. Hay nuevas generaciones que están haciendo las cosas en forma óptima desde sus múltiples puestos de trabajo, estudio o investigación. Esta forma eficiente de hacer provoca mi optimismo. Creo que pese a sus intrínsecas trabas, Bolivia podría salir adelante y superar la mediocridad general establecida de antaño por falta de estímulos para el esfuerzo creador.La nueva generación ha comprendido con claridad que conocimiento es poder. Estudian y tratan de mejorar. El saber no viene frotando una lámpara mágica, se adquiere con tiempo, esfuerzo y dedicación. El conjunto de actitudes positivas de muchos jóvenes bolivianos de hoy augura un país mejor en el futuro. Tal vez se destierre para siempre lo de “no se queje, estamos en Bolivia” para que de esa forma el estar aquí en nuestra Patria sea símbolo de prolijidad, no el de un  mero sitio “más o menos”.Recuerden: un solo grado adicional de temperatura hace la diferencia. El agua del popular ejemplo que hemos tomado como referencia tiene que hervir si se desea generar vapor como fuente energética. Lo mismo puede suceder con la mente: ella -metafóricamente- puede también “hervir” y ser fuente de energía positiva si de veras la persona desea transformarse cualitativamente para así triunfar en su propio desarrollo individual y, al mismo tiempo, aportar a la sociedad.*es economista y politólogo.


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