Vivir en otro siglo
Quienes bordean o han superado las cuatro décadas de edad viven días de asombro ante los logros cotidianos de la ciencia. Y no sólo se trata de los anuncios de universidades o institutos especializados, sino de los servicios que día a día se incorporan a nuestras vidas. En varias ciudades de...
Quienes bordean o han superado las cuatro décadas de edad viven días de asombro ante los logros cotidianos de la ciencia. Y no sólo se trata de los anuncios de universidades o institutos especializados, sino de los servicios que día a día se incorporan a nuestras vidas. En varias ciudades de Estados Unidos y Europa, por ejemplo, se ultiman detalles para que aerolíneas de drones sean las nuevas responsables de diverso e inmediato envío de encomiendas. El servicio ya no será “puerta a puerta”, sino “plataforma a terraza o balcón”. De hecho, ya se iniciaron hace algunos años despachos de pedidos de comida rápida, específicamente de pizzas. Hay más servicios espectaculares en pre estreno. También nos hallamos en vísperas de que las adquisiciones de ropa o zapatos a medida y diseño propio se realicen vía internet y circuitos de impresoras tridimensionales. Es decir, el cliente podrá pedir un modelo, solicitar determinadas modificaciones, transmitir los detalles de talla, material y cantidad. La proyección apunta a una infinidad de aparatos y artículos en las siguientes décadas. La inclusión de robots completará y será transversal a todos los campos. Es muy probable que entonces también ya resulte cotidiano observar los autos inteligentes que ya no necesitarán conductor. En la actualidad la eficiencia y seguridad en el mundo automotriz no se halla muy lejos. Se coordinan y controlan los servicios de iluminación, combustible, ubicación georeferencial y hasta el estado de salud y confort de los viajeros. Este tipo de servicios ya ha trascendido a Europa y EEUU o Canadá y es posible, pese a que no están masificados aún, hallarlos en diversas capitales de América Latina. Indudablemente, constituyen avances que otrora se veían en películas futuristas puestas en duda entonces por no pocos escépticos. Y nuestra llegada al futuro se muestra imparable y extendida. Basta considerar los avances de la medicina y sus intervenciones a distancia o el boom de la tele educación. Son campos que ya el propio Gobierno boliviano anuncia implementar aprovechando las capacidades del satélite Tupaj Katari. Y claro, buena parte de Bolivia también ya impacta por sus no muchos, pero variados saltos al futuro con novedosos servicios. Así como en capitales del exterior destacan rutas elevadas, helicópteros, sistemas de transporte eléctricos y diversos servicios cibernéticos, en varias de Bolivia hay cambios. En el eje central empezó el tiempo de los teleféricos, los metros y trenes. Servicios de cámaras de seguridad, helicópteros y helipuertos y hasta drones se han empezado a implementar hasta en algunas ciudades intermedias. Hay más, en Cochabamba, por ejemplo, avanza la cristalización de su ciudad cibernética. Es el mundo del siglo XXI y la histórica revolución de la ciencia y la tecnología aplicada a los servicios que benefician a miles y miles de ciudadanos. Sorprenden, contentan y hasta conmueven a los bolivianos. Bueno, no precisamente a todos, en la capital de Tarija este domingo se sufría por falta de agua y luz eléctrica. No funcionaban las gasolineras, se habían caído los sistemas de televisión por cable e internet. Los tarijeños también vivimos en oootro siglo, pero, misteriosamente, quizás por los azares del destino, nos detuvimos en él. Porque claro, culpables de semejante muestra de retraso no hay. ¿O alguna autoridad se digna siquiera a buscarlos?


