Las lecciones de Venezuela

Ante la terrible derrota de la revolución bolivariana en las últimas elecciones de Venezuela (112 diputados contra 55 es algo que ni los peores agoreros esperaban), nuestro Presidente dijo que se requería una profunda reflexión. Pero cuando luego hizo pública la suya (su reflexión), nos...

Ante la terrible derrota de la revolución bolivariana en las últimas elecciones de Venezuela (112 diputados contra 55 es algo que ni los peores agoreros esperaban), nuestro Presidente dijo que se requería una profunda reflexión. Pero cuando luego hizo pública la suya (su reflexión), nos encontramos con una decepcionante denuncia de las maniobras -sobre todo económicas- de la oposición y de sus padrinos del imperio… No me parece suficiente, Señor Presidente. De manera general se puede afirmar que si le echamos la culpa de nuestros males a la oposición estamos perdidos, porque querría decir que nuestra suerte está en sus manos, y si es así, no tendría sentido ningún proceso revolucionario, ya que de antemano está garantizado el boicot de la oposición y de sus padrinos transnacionales.Permítanme la pregunta: con Chávez en la Presidencia, ¿podría haberse dado un resultado electoral como éste? Es evidente que no, porque tampoco se habrían dado las dramáticas condiciones sociales que, por lo visto, imperan en ese hermano país y que parecen ser la principal explicación de ese drástico vuelco del voto popular. Por tanto, sin dejar de tener claros los peligros que vienen de la oposición interna y del imperio, lo imprescindible es analizar nuestros errores, en este caso los del Gobierno venezolano.Puede que un primer error haya sido, ya desde hace años, el no haber ido limitando las posibilidades económicas -y, por tanto, políticas- de la oposición. No me atrevo a afirmarlo, pero pareciera que ha sido así (el “socialismo del siglo XXI” no pasaba de ser un buen deseo). En ese caso, ¿no tendríamos que preguntarnos si en Bolivia no viene ocurriendo lo mismo? ¿El “socialismo comunitario” es algo más que un buen deseo?Pero hay un tema de análisis mucho más álgido e imprescindible si queremos entender lo ocurrido en Venezuela y, además, prever lo que puede ocurrir en Bolivia. A mi juicio, la gran lección es que un proceso revolucionario no puede depender de una sola persona, de un solo comandante, de un solo líder. Hugo Chávez fue el líder más visionario y consecuente de todo este proceso sudamericano que ahora empieza a correr peligro, pero su gran error fue el de asumir ese liderazgo él solo, el de no haberse preocupado por abrir espacios para el crecimiento de otros equipos de trabajo, ni  de formar nuevas generaciones y nuevos cuadros. Por eso, cuando un día comprueba que él se está yendo, la mejor sucesión que encuentra es la de Nicolás Maduro, que desde la campaña electoral -con su “pajaritico”- permitía esperar lo peor. Y lo peor no dejó de avanzar y ahora acaba de dar un paso aterrador.Porque es evidente que la oposición venezolana es sumamente peligrosa: tiene líderes de peso, tiene experiencia, tiene tremendo poder económico y tiene el histórico apoyo del poder norteamericano, y resulta una pesadilla imaginarse lo que puede hacer si llega a recuperar todo el poder. Aquí no es igual, nuestra oposición carece de liderazgos convincentes y, sobre todo, de visión política. Y probablemente le interesa menos al imperio (en realidad a quien parece interesarle, la oposición, es a nuestro gobierno que ha llegado a violar la Constitución para favorecerla económicamente, por ejemplo, con el paréntesis para la función económico social de los latifundios), pero tampoco hay que despreciarla. Por tanto, es necesario que nos hagamos las preguntas que se derivan de las elecciones en Venezuela.Al respecto, ¿no estamos padeciendo el mismo problema de fondo de confiar el avance de este proceso a un único liderazgo personal? ¿No resulta preocupante que estemos dispuestos a gastar un montón de millones en un referendo para posibilitar que ese líder único e insustituible, que es Evo Morales, siga siendo único e insustituible? ¿No sería coherente que más bien hagamos los cambios necesarios para recuperar la participación de todas las instancias de la sociedad civil (sí, todas, incluyendo a las malditas ONG) para socializar las decisiones, para ser coherentes con el Vivir Bien y con los derechos de la Madre Tierra? Parece, pues, urgente asimilar las lecciones de Venezuela.*es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.


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