La inmaculada concepción

admiramos y agradecemos a la Madre de Dios, a la Purísima Virgen María, por haber aceptado ser Madre de Jesús y por tanto corredentora de la humanidad. Ella dio su consentimiento, obediente y humilde aceptó ser Madre, cuando el ángel Gabriel le llevó el mensaje de parte de Dios...

admiramos y agradecemos a la Madre de Dios, a la Purísima Virgen María, por haber aceptado ser Madre de Jesús y por tanto corredentora de la humanidad. Ella dio su consentimiento, obediente y humilde aceptó ser Madre, cuando el ángel Gabriel le llevó el mensaje de parte de Dios (Lc.1-26-35).La respuesta de María iba a decidir los destinos del mundo. Los ángeles y los hombres, los cielos y la tierra, El Creador y la creación aguardaron ansiosamente la respuesta de la humilde doncellita de Nazaret.“Yo soy la esclava del Señor que haga en mí lo que has dicho”. Ante esta respuesta un grito de ¡Hosana! Resuena en las bóvedas celestes y eternales, el Hijo de Dios es Hijo de María. La alianza se ha firmado, la naturaleza humana entra en el orden divino, el hombre se une a Dios.Dios quiere salvar a la humanidad por medio de María, por eso preparó para su Hijo una digna morada, la preservó de todo pecado y es así cómo María nació sin mancha de pecado original.El nacimiento de la Virgen fue para la humanidad un preludio de su salvación porque con Ella se abrieron las puertas del reino, para dar paso a los que iban a ser redimidos por su Divino Hijo.Con su nacimiento se vislumbraba la luz de la salvación, el camino expedito hacia la casa del Padre.Los hombres nos hemos acostumbrado a verla como Reina, como Señora inalcanzable en su hermoso trono; es verdad, pero también debemos verla como a una criatura humana, sencilla, tierna. Humilde.Su vida ha sido una donación constante, un caminar en la presencia de Dios, ha tenido alegrías, tristezas, preocupaciones, una espada traspasó su corazón, en la pasión y muerte de Jesús.Hoy es la intercesora de los hombres, la que ruega por nosotros, es como el sol que abre con su luz el nuevo amanecer de la humanidad, es la esperanza, el refugio de los que sufren, el consuelo de los afligidos, es el manantial que calma nuestra sed, es el sendero que nos conduce hacia su hijo Jesús.¿Cómo no sentir gratitud ante la inmensidad de su amor, ante la grandeza de su donación?La Virgen nos dice: “Amados, su Madre los mira benigna, no se desesperen, Yo proveo de todo lo que necesitan, a quienes aman a mi Hijo Jesús; porque toda mirada de amor que le dan, es para mí una llama que arde en mi Corazón Inmaculado…. Ustedes piensen en Jesús y yo pienso en ustedes”.Ella es la aurora de la nueva creación, ningún corazón humano ha amado ni podrá amar jamás como lo ha hecho María, de su corazón inmaculado salen destellos de belleza, de bondad y esparce su perfume de cielo a su alrededor; su palabra es como las gotas de rocío que descienden como una lluvia celestial de ternura maternal, como una bendición sobre la vida humana, tan árida por el pecado y el sufrimiento.Así es nuestra Madre a la cual nuestros hermanos separados la ignoran y se privan del regalo más precioso que nos hizo el salvador y es ella la que sujeta la mano de la justicia de Dios. Es la reina entre las reinas ¡La Inmaculada! Es la criatura más perfecta, el modelo de virtudes. Es ¡La Madre de Dios!


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