¿Y la adaptación al cambio climático?
En Oruro, deshiele de nevados, como el Sajama, que ya perdió su poncho blanco y sólo conserva un sombrerito recortado. “Sures” en Tarija en pleno diciembre…El fenómeno del cambio climático se siente en el país con cada vez más intensidad y frecuencia. Y obviamente, los más...
En Oruro, deshiele de nevados, como el Sajama, que ya perdió su poncho blanco y sólo conserva un sombrerito recortado. “Sures” en Tarija en pleno diciembre…El fenómeno del cambio climático se siente en el país con cada vez más intensidad y frecuencia. Y obviamente, los más perjudicados constituyen los productores agrícolas campesinos. Crónicamente marginados de las grandes preocupaciones gubernamentales esta vez afrontan no sólo las dificultades harto conocidas. Ya no solo deben lidiar con los abusos de los intermediarios, los costos de los insumos de producción y las dificultades de transporte. Ahora la adversidad constituye la locura climática que les sorprende y amarga la vida.Ahora les resulta difícil predecir los cambios que otrora solían presentarse y para los que asumían precauciones. Los que llegan son a veces radicales y fatales. Según diversos reportes, se han perdido cultivos de cítricos en el trópico, duraznos en los valles y tubérculos en las tierras altas. Los propios testimonios señalan que cada año los problemas de este tipo son mayores. Y ahí radica el mayor problema.Ya en 2008, los informes globales de la Organización de Naciones Unidas advertían que el mundo ya no podía mitigar el cambio climático. En ese tiempo ya se lanzó la alerta mundial de que había llegado la hora de adaptarse a esta dramática transformación del medio ambiente. Pero, en Bolivia, aquella alerta pareció haber sido atendida por muy pocas personas, especialmente entre las autoridades nacionales o departamentales.Por eso hoy indigna el escuchar recurrentemente y en diversas regiones frases como: “Los campesinos esperan que lleguen las lluvias” o “productores aguardan que el clima les colabore”. Es decir, la política agroproductiva se ha reducido a las súplicas y los buenos augurios. Los resultados se traducen en pérdidas para los esforzados trabajadores del agro y crecimiento del ingreso de la producción extranjera. ¡¿Acaso no resulta alarmante que en Tarija se consuma hasta uva de procedencia peruana?!Claro, al visitar los países del entorno, aún los que están en crisis, se nota que hubo esfuerzos por adaptarse a los nuevos tiempos. La producción ha sido garantizada y mejorada en base a sustanciales apoyos tecnológicos y proyectos variados. Invernaderos, sistemas inteligentes de captación de agua y riego, defensivos de diversa índole contra eventuales climas extremos, etc.¿Qué se está haciendo en Tarija y en Bolivia para que los productores se adapten al cambio climático? ¿Cuándo dejarán de estar pendientes de que llueva o granice en una especie de ruleta rusa ambiental? Obviamente no son los únicos involucrados en esta megaprevisión y desde hace mucho tiempo urge que se asuma una política global de Estado. La educación, la salud, la construcción de obras de infraestructura, inmigración, etc. requieren nuevos enfoques.Mientras tanto, sólo resta esperar que de la alerta sobre la adaptación, las nuevas recomendaciones globales no pasen a algo más grave. Según dicen los poderosos, en estos días, en París, se lograrán acuerdos para evitar que el desastre llegue al grado de catástrofe planetaria. Ojalá que así sea, pero ése será tema de otro editorial. Por ahora, nos toca a los bolivianos no seguir postrados en el climáticamente añorado pasado.


