La encantadora ingenuidad de Armando Méndez
Armando es ilustre en su inquebrantable certidumbre respecto a que del juego libre e irrestricto de la oferta y la demanda emana naturalmente el ejercicio de las libertades democráticas. Para él la intervención estatal es maligna y, sea la forma con la que se encubra, la califica de...
Armando es ilustre en su inquebrantable certidumbre respecto a que del juego libre e irrestricto de la oferta y la demanda emana naturalmente el ejercicio de las libertades democráticas. Para él la intervención estatal es maligna y, sea la forma con la que se encubra, la califica de socialismo. Así, concibe que no puede haber mejor forma de organización social que aquello que se rija por el mercado.De otra manera, las sociedades que permiten una creciente intervención estatal terminan (o se inician) con regímenes autoritarios dirigidos por revolucionarios mesiánicos que siempre conocen lo que el pueblo necesita y no es preciso permitir que la gente piense libremente. Para sus reflexiones, Méndez, recurre al ejemplo de la extinta URSS para un caso de extrema intervención estatal a los países escandinavos, donde por décadas prevalece la socialdemocracia que, para él, ha alcanzado la quiebra de esos Estados. No quiero entrar en la discusión de lo que ocurrió en la URSS o en la defensa o ataque a la socialdemocracia. Quiero poner un contraejemplo de una de las sociedades que ha llegado al reino del nunca jamás del mercado libre e irrestricto. Se trata de Singapur, una ciudad Estado al sur de Malasia que ocupa 72.000 hectáreas, de las cuales 18.000 se las ganó al mar. Se muestra al mundo como el éxito más conspicuo de la economía de mercado. Este año ha cumplido 50 años de vida independiente, de los cuales más de 40 estuvieron bajo el régimen de un solo y único gobernante: Lee Kuan Yew. Ahora le sucede su hijo de nombre Lee Hsien Loong. Sin el mínimo sonrojo de nepotismo, el padre lo justificó afirmando que “el talento es hereditario”.Singapur es una dictadura capitalista, con un eficiente sistema de mercado que no permite oposición política y los medios de comunicación se autocensuran sistemáticamente. Recién en 1981 la oposición política ganó un puesto en el parlamento. Una oposición que fue creciendo, pero con enfoques que resuenan lo que el poder supremo de los Lee (primero el padre y ahora el hijo) disponen. Tanto a políticos como a directores o dueños de medios de comunicación que se atrevieron a criticar al régimen se los llevó a prisión por calumnia bajo la regla de la Ley Interna de Seguridad o se los hizo quebrar financieramente. Esta forma de acallar los brotes de real democracia recibió el beneplácito de Lee Kuan Yew, quien presumía de su eficiente labor al afirmar: “Si los hubiésemos considerado figuras políticas serias, los hubiéramos hecho quebrar antes”. Los problemas que ahora confronta Singapur provienen de jóvenes altamente preparados en un sistema educativo de primera que los ha abierto a formas de comunicación virtual que no puede controlar totalmente el régimen. El Partido de la Acción del Pueblo (PAP) es el partido de los Lee que gobierna con mano rígida a Singapur y ha desarrollado a este país con las normas más duras de una economía de mercado. Representa la forma más pura de la utopía de la que habla, de cuando en cuando, Armando Méndez. No creo que sea la mejor sociedad alcanzada ni un buen ejemplo a seguir.* es economista.


